Un regalo de Sergio Astorga

lunes, 18 de marzo de 2013

Sokolov, el virtuoso infatigable










Una de las pocas cosas buenas de cumplir años es que cada vez se es más consciente de disfrutar lo bueno y por consiguiente paladearlo, ya que, como contrapartida, lo malo se ha convertido en compañero de plus en plus habitual, pertinaz, fiel y pegajoso.

Hace justamente una semana acudimos a nuestra cita anual con Sokolov. Esta vez había bastantes huecos, lo que también aquí refleja de manera bastante clara cómo anda el panorama económico general puesto que en otra época había bofetadas por ver y escuchar al ruso. Cuando la luz se atenúa y aparece en escena el señor Grigori, inmutable, con ese andar inclinado tan peculiar, sin ningún rictus de emoción en el rostro, cortés, educado, tan "soviético" todo él, sabemos perfectamente el lujo que representa poder seguir manteniendo un año más y sin agobios los abonos de música.

Y lo que este pianista absolutamente excepcional interpreta es siempre un regalo. Con una técnica de escuela rusa, impoluta y perfecta, sin que se le mueva un solo pelo de su blanca melena. Como siempre, un concierto largo y difícil por delante. Como siempre, ausencia total de partituras en las que apoyarse. Como siempre, la espera final de un derroche de propinas.

Miren, yo no sé si este año esta condesa andaba especialmente receptiva pero fue una delicia de velada. Los protagonistas... pues "solamente" Schubert y Beethoven, la primera escuela de Viena -aunque algunos digan que el nombre es tramposo y retroactivo-. Y no piensen que las piezas escogidas eran bagatelas... ¡qué va!  Los cuatro impromptus D899 y las tres piezas para piano D946 del austríaco y nada menos que la sonata nº 29, la Hammerklavier, del alemán.

No soy capaz de decirles mucho más. Que durante toda la primera parte se escuchó al Schubert más arrebatado, matizado, sugerente. Pero faltaría a la verdad si dijera que sus "ímpetus" fueron exclusivamente eso, porque sonaron también reflexivos, ensimismados, puro concepto e introspección. Y parecía que los dedos de Sokolov apenas rozaban el teclado y lo difícil, intrincado, falsamente pequeño, se convertía en aparentemente fácil y ligero. Cuando se escucharon las primeras notas del Allegro assai, -el primero de los Drei Klavierstücke- la música se abrió repentinamente hasta adquirir la redondez de sus últimas obras. Compuestas apenas tres meses antes que las tres últimas sonatas que constituyen su testamento vital, estas tres piezas participan también de su complejidad estructural, de su profunda melancolía en ocasiones y, por qué no decirlo, de su definitivo adiós.

En la segunda parte, la magia no solo se mantuvo sino que creció. Escuchar y ver a este pianista interpretar la sonata más larga y una de las más arduas del de Bonn es un homenaje a la vista y el oído. Si antes los dedos apenas parecían rozar el teclado, ahora volaban literalmente sobre él en un alarde increíble de contraste entre el piano y el forte. El auditorio andaba electrizado a pesar de algunas toses por aquí y por allá (algunas reales e irrefrenables que obligaron a sus dueños a abandonar respetuosamente la sala, pero otras eternas, machaconas, puñeteramente graduadas, siempre en el momento más inoportuno como si sus poseedores encontraran un placer perverso y tuvieran un especial tino en fastidiar justamente el pianissimo apenas susurrado) y así se mantuvo durante los 40 minutos que duró la 29. Tras el acorde final, la sala literalmente se vino abajo por los aplausos.

Pero como este metódico, pulcro y sistemático intérprete nos tiene muy mal acostumbrados desde hace algunos años, esperábamos como críos los "bonustrack". Esta temporada, uno menos que el anterior: "solo" siete propinas, siete. Los entendidos dijeron después que había empezado con Rameau para seguir con Scarlatti y Soler, al alimón. Finalmente, un incansable Sokolov dio por terminado esta vez el concierto.  Y hago hincapié en que fue él porque les aseguro que en anteriores ocasiones era el público el que abandonaba la sala, emborrachado literalmente de música.

La semana anterior al concierto que ha ocupado este post tuve también la tremenda suerte de acudir a los dos últimos que daba el Cuarteto de Tokyo en Madrid, como despedida antes de su disolución este verano [las malas y bien informadas lenguas aseguran sin embargo que los cuatro componentes adoran a este viejo y maltrecho país de tal manera que han accedido a dar un tercero a finales de junio y que será el penúltimo absoluto de su carrera; pero ya saben que no son más que malas (o buenas) lenguas]. El día anterior al de don Gregori, una Ute Lempe soberbia me fascinó interpretando Die sieben Todsüden, de Weill y Brecht, junto a la OCNE y Die Singphoniker. Mañana mismo veré a Mitsuko Uchida y la Mahler Chamber Orchestra interpretar a Mozart y Bartok; el miércoles volveré a escuchar 11 de las Sonatas del Rosario de Biber. El viernes acudiré al reclamo de Les Talens Lyriques intepretando Lecciones de tinieblas de Charpentier. Entre medias, dos obras de teatro: El lindo don Diego, de Agustín Moreto y A cielo abierto, con Josep Maria Pou.

Lo sé, lo sé; sé que es difícil tener y disfrutar más. Entre otras cosas porque además vivo en una ciudad donde existe un Auditorio Nacional y un Teatro Nacional de Teatro Clásico y un Teatro Español... Y un Museo del Prado y un Thyssen, un CaixaForum, una Fundación Mapfre, o una Carlos de Amberes o del Canal. Y la mayor parte de lo que en ellas suena, se representa o expone está subvencionado por el Estado o patrocinado por grandes empresas. Les aseguro que sí, que soy consciente del privilegio que todo ello comporta y del lujo que es tener ballet, teatro, zarzuela, ópera, música de jazz, clásica o alternativa, pintura, escultura y arquitectura al alcance de unas cuantas estaciones de metro o paradas de autobús. Y sé que no pocas de las ayudas que reciben todas esas instituciones están respaldadas por diferentes ministerios, lo que quiere decir que los diversos espectáculos los pagan (bueno, pagamos) todos para que lo disfrutemos más bien unos poquitos, por muy baratos que sean los precios. No me olvido tampoco de que, por fortuna, la empresa que me exprimió bien durante más de 30 años me paga un sueldo digno que me permite sufragar abonos, carnés de amigos y entradas varias. Por eso me aprovecho de mi situación privilegiada todo lo que puedo, que uno nunca sabe cuándo le caerá encima el hachazo -de cualquier tipo- y no podrá volver a hacerlo. Como pequeña contrapartida, les traigo luego  una parte diminuta a este blog.



¿Qué, cómo han llevado un post kilométrico de nuevo? ¿A que se les ha hecho largo? Y total para no decir nada... Si es que estaban Vds. muy mal acostumbrados con las bagatelas... Pues para que el agotamiento sea completo y sufran de las correspondientes agujetas en las orejuelas,  les dejo con la espectacular Hammerklavier del sordo, interpretada por uno de los, para mí, grandes, grandes del piano.

Mientras tarda en llegar una nueva tontuna musical, trabajen lo menos posible, indígnense todo lo indignable, procuren no caer enfermos que no está la sanidad pública para muchos trotes y, sobre todo sobre todo, intenten ser todo lo felices que puedan, antes de que a los del COI se les pueda ocurrir montar otra olimpiada en esta piel de toro que anda para pocas bromas.

Buenas noches.




L.v.Beethoven (1770-1827). Sonata nº 29, en Si bemol mayor, op. 106, "Hammerklavier". Solomon, piano. Emi,  1956 y 2005. 


12 comentarios:

María A. Marín dijo...

Leo con avidez tu entrada y esta tarde cuándo me ponga a estudiar, la tendré puesta hasta que termine.
¡Gracias por cultivar mi espíritu!
Y, por favor, no te preocupes por los correos, yo no llevo la cuenta, de veras

Besos

Isabel Barceló Chico dijo...

Si algún dia a Sokolov le faltara el público, debería tocar sólo para tí... Me contagias tu entusiasmo, querida amiga, una actitud tan necesaria en la vida. Besos, besos, besos.

Anarkasis dijo...

menuda "jartá" de piano,
me voy a tirar una cervecita, por las orejas en un momento, antes hacer bis

Con tios tocando así no me estraña que nos ponga usted los cuernos.

Disfrute usted que aún puede,
y que le dure le deseo todo lo más posible.
Un fuerte abrazo


María Castro Hernández dijo...

¡Qué suerte! A mí Sokolov siempre me parece un oso enorme a punto de engullir el piano de un solo bocado (aunque sea un gran cola) y luego, cuando empieza a tocar...descubres una riqueza de matices.... Me da mucha envidia tu agenda.
Besos

Charles de Batz dijo...

Es que cuando usted se lanza a escribir, no para... Y lo hace llena de pasión y entusiasmo que contagia a todos los que nos pasamos por su cuaderno.

Por aquí huele ya a vacaciones... !bien!

Muchas salud

Gemma dijo...

Ya van dos veces y creo que voy a repetir la audición unas cuantas más. A mí me consuela saber que, puesto que no vivo en Madrid, al menos puedo visitar tu blog tantas veces como me venga en gana. Gracias, meine liebste Gräfin.

Alyx Faderland dijo...

Help!!!!! que reproductor es este que usas, que en ningun otro encontre la cantata que me enviaste y me gusto para el post especial y no la puedo subir!!!! (la 117/13) Este no dice ni pio de la marca!!!! y los demas no la tienen ni a palos, que bronca.
Menos mal que estabamos de fiesta, no?

Pablo Álvarez Fernández dijo...

Que voy a decir yo que hasta le hice Santo en vida... Y crisis siempre pero intelectual http://pablosiana.blogspot.com.es/search?q=Sokolov

Freia dijo...

Mañana vuelvo y les contesto que hoy el día, finalmente, no me ha dado para más.

Un abrazo a todos

Freia dijo...

María, de Cádiz

No sabe lo que me gusta leer sus palabras, querida. Y de saberla estudiando y haciendo un montón de cosas.
Olé y olé por ello.

Ya tiene nueva música con la que estudiar o con la que contemplar a sus mantis religiosas recién nacidas.

Un beso muy fuerte y doble.

Isabel

Mi querida Romana... ¡Qué más quisiera yo! Aunque creo que está bien poder compartirlo con la mayor parte de gente posible. Ojalá todo el mundo pudiera escucharlo alguna vez en directo.
Y por lo que respecta al entusiasmo, pues estoy de acuerdo con Vd., aunque no siempre es bueno tener solamente entusiasmo y nada de perseverancia. Juntos son atributos que se complementan bastante bien. Por separado, se vuelven bastante inútiles.

Un abrazo, Isabel querida y dale recuerdos a mi pastora favorita.

Anarkasis

¡Querida, qué vocabulario, por diox, que es Vd. una dama! Jejeje.

Pues en la siguiente le he pueso un de violines para compensar tanto piano.
Y sí, Sokolov toca tan bien como Solomon. A ver si para el próximo año lo vemos todos juntos, ¿vale?

Le he dejado una proposición decente en su blog. Ya me contará.

Un beso querida para todos los amantes y sobrinas.

Freia dijo...

María, de Madrid

Jajaja, querida María, como siempre, has sabido definirlo muy acertadamente. Es que realmente es un oso, jajajaja.
Sí, le entiendo lo de la agenda. Es un lujo. Me acordé mucho de Vd. en las Sonatas del Rosario de Biber. Creo que le habrían gustado mucho.

Disfrute de la nieve y del románico y descansen, que se lo merecen.

Charles

Monsieur de Batz, le hago a Vd. y los suyos ya de vacaciones por laderas verdes y suaves, entre archivos y piedras románicas. ¡Aysss, qué envidia!
¡Qué manera más sutil de decir que me paso escribiendo como siempre, jajaja!

Un gran abrazo triple y disfruten de sus días de trabajo y asueto.


Gemma

Meine liebste Zauberinita! Gracias siempre por estar ahí. ¡Ay, no estar en Madrid... pero si en Berlín y Barna tiene Vd. toda la música y más. No sabe lo que siento no poder compartir ese Holandés Errante...Y el aniversario de Wagner y pasear bajo los tilos y Nefertiti y tantas cosas... En fin...

Un abrazo muy grande y gracias por sus visitas, ahora que yo no tengo ni tiempo de acercarme a verles a Vds.

Alyx

Querida, si sigues teniendo problemas con la música, no te preocupes. Mándame un correo y vemos la forma de solucionarlo.

Un beso muy fuerte y gracias por llegar hasta esa boda.


Freia dijo...

Pablo

¡Cómo me alegra siempre coincidir con Vd.! Además, casi todos los años solemos degustar el mismo repertorio del ruso pues antes o después va a su ciudad o a la mía!
Recuerdo bien el programa de aquel año... y no me extraña que lo haya hecho Vd. santo en vida.

En cuanto a propinas, creo que ganamos: por aquí fueron ¡8! el año pasado...

Un abrazo siempre para Oviedo... ¡Qué ganas de volver por allí y pasear por una ciudad que adoro y entrar a ver el apostolado del Greco y la Cruz de la Victoria y el sitio donde está y tomar algo en los soportales y acudir paseando a Santullano o subir a Santa María y San Miguel

Un abrazo fuerte, Pablo.