Un regalo de Sergio Astorga

lunes, 2 de septiembre de 2013

Cruzar el meridiano para zambullirse en el azul






J. Sorolla. La niña. 1904. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Bellas Artes. La Habana




Septiembre ha doblado por fin la esquina nuevamente. Dorado, de nombre  largo y días cada vez más cortos, trayendo de la mano un sol suave madurador de membrillos y uvas. 

Ha llegado el tiempo.

Toca hacer maletas, dejar preparado el regreso, cerrar la casa y partir. Este año no hay una necesidad urgente de acudir a la cita. No la hay de hallar refugio aunque mi pequeña cala lo sea y me alimente. Ni de solicitar bálsamos contra operaciones o químicas hospitalarias. Ni siquiera de buscar el azul, pues abril y julio me hicieron su regalo y hacia él he corrido sin pensarlo dos veces. 
No. Esta vez es sencillamente el oxímoron de una necesidad voluntaria y querida. No hay motivos ni causas. El viaje por el viaje. El reencuentro con mi particular paraíso encontrado tan lejos de los mares del sur. Sin más.

Nunca se conoce en exceso lo que se ama, de modo que l'Empordà seguirá jugando con nosotros a las escondidillas. Sorprendiéndonos  al recorrer el camino de Sant Pere de Rodas con ráfagas de limpia tramuntana que barre tristezas y nubes. Saliéndonos al paso, esforzado y valiente, cuando atravesemos los senderos del Cap de Creus intentando llegar a la boca del infierno. Enredándose, amable y protector, en las velas blancas y el azul profundo de la Jóncols al doblar el Norfeu de vuelta a Roses. 
Generoso y recio cofre de prometedores tesoros escondidos. Hacedor un año más de milagros pequeños bajo la forma clara y cierta de risas y reposo. 

Agua, sol, viento. Y volver a ser la niña taciturna y torpe que mojaba los pies con decisión en la orilla de un mar del que no podía apartar la mirada y que desde entonces es parte de ella misma. Ni pretendo ni quiero nada más. 

Cuando rodando con el viejo coche gris plata la AP7 nos descubra de pronto el arco airoso y limpio del meridiano de Greenwich,  sabremos con certeza que atravesamos un año más  el umbral seguro y luminoso que nos conduce a casa.


Luis Eduardo Aute
1) El niño que miraba el mar. En El niño que miraba el mar, 2012.
2) Mar en fuga. En Fuga. Fonomusic, 1981 y 1994
3) Vailima. En Fuga. Fonomusic, 1981 y 1994.
4) A por el mar. En Albanta. Ariola, 1978
5) Rabo de nube (Silvio Rodríguez). En Mano a mano. Ariola, 1993
6) Albanta. En Albanta. Ariola, 1978
7) Sigo a la mar. En De par en par. Ariola, 1979
8) Rosas en el mar. En Diálogos de Rodrigo y Ximena. Ariola, 1968. En Auterretratos. Ariola, 2003
9) Rosas en el mar, interpretada por Massiel. 1967.


Y como bonus track...

Christina Pluhar y L'Arpeggiata. Los pájaros perdidos. ¡Ay, este azul! Philippe Jaroussky, contratenor. Virgin Classics. Emi, 2012.


6 comentarios:

Isabel dijo...

Buen viaje, descanso y buenos alimentos.
Todo eso aliñado con esta bella prosa con que lo adornas auguran buenos momentos.

A disfrutar.

Gran abrazo.

fra miquel dijo...

Buen viaje y a descansar
Hasta pronto
Besos

María A. Marín dijo...

Disfruta, goza, regodeate con los momentos y lugares que te esperan. Los que te amamos disfrutaremos contigo. Besos

RGAlmazán dijo...

Querida condesita, que lo pase usted muy bien, que corra aventuras azules, que se impregne de belleza y a la vuelta nos lo cuente.
Besos

Salud y República

fra miquel dijo...

Por cierto, la pintura de Sorolla: Una preciosidad :)
+ Besos

Anarkasis dijo...

ya se me acabaron las paciencias