E. Schiele. Retrato de Arnold Schönberg
1917. Galería del Belvedere, Viena.
Por lo general, cuando escucha o lee la palabra Schönberg (o Schonberg, a la americana, que es como a él le gustaba ver su nombre escrito), a una buena parte de los humanos, incluídos aquellos que poseen buenos conocimientos y una manifiesta debilidad por la música clásica, se le encogen las circunvoluciones del cerebro por el espanto, al tiempo que sus neuronas comienzan a sufrir severos cortocircuitos alternos y persistentes mientras se le iluminan dentro del cráneo letreros de neón con términos tales como dodecafónico o atonal y, acto seguido y sin solución de continuidad, una fecha multidireccional fosforescente en cuyo interior parpadea de manera furibunda un huir inmediatamente.
Y sin embargo, yo me atrevería a decirles que la obra del polifacético compositor, por aquel entonces aún austrohúngaro y no checo, es mucho más que eso. De acuerdo en que no soy una experta y haberlos haylos para ponerle etiquetas, pero fíjense que después de más de dos años absolutamente fascinada por su música me atrevo a decir que podría ser definido perfectamente, al menos pero no solo en la primera etapa de su vida, como "el último romántico" alemán.
La idea de que las composiciones surgidas de su mente y su forma de teorizar y llevar a la práctica sus inquietudes y búsquedas musicales han transformado la música "culta" del siglo XX e incluso la del XXI es algo que ya nadie pone en duda. La tensión entre forma y contenido de la mayor parte de su obra, la evolución, no tan repentina como algunos piensan, hacia una desestructuración de la armonía académica o su continuo afán por descubrir nuevos modos y temas y profundidades musicales se merecen en sí mismos una serie de varias entradas, pero no creo ser la persona más apropiada para llevarla a cabo. Con todo, no me resigno a que la mayor parte de mis lectoyentes sigan arrugando la nariz al solo sonido de su nombre. Es por lo que creo que merece la pena intentar ahondar en otras etapas compositivas de este ciudadano, vienés primero; berlinés, barcelonés y parisino a tiempo parcial y californiano por último y debido a su huída de Europa por su manifiesta animadversión al nazismo. Así pues, hoy les traigo una de las primeras obras de este compositor autodidacta, empapada todavía del sentido brahmsiano de la variatio y del concepto del poema sinfónico de Wagner, en una imbricación imperfecta, dramática, profundamente sentimental, en el más noble sentido del término.
Verklärte Nacht (Noche transfigurada) fue compuesta en 1899, a caballo entre dos siglos. Pero también a caballo de dos formas de entender la música, el arte, la vida en general. No podemos olvidar que en aquellos momentos Viena era ya, y continuaría siéndolo hasta el estallido de la PGM, un auténtico hervidero de nuevas formas musicales (Zemlinski o Mahler), pictóricas (Klimt, Schiele, Kokoschka, Kandinsky, el propio Schönberg y los miembros de Der Blaue Richter), arquitectónicas (Otto Wagner, Olbrich o Loos), de pensamiento filosófico (Freud o las ideas de un recién fallecido Nietzsche), literarias (Dehmel, Werfel o Roth). Pero es que además está obra está inspirada directamente en un poema dual de Richard Dehmel, en el que lo descriptivo y lo dialogado, la forma breve y la estrofa, el hombre y la mujer, la tiniebla y la luz, el abandono y el amor, el sentido de la culpa y la liberación de ésta, la tristeza y la alegría, la muerte y la nueva vida chocan continuamente entre sí, creando una tensión dramática y un entretejido de texto y música tal, que hacen de "este poema sinfónico para cuerda" la pieza más conocida y menos rechazada de la obra de Schönberg, pintor a tiempo parcial y siempre músico.
Intentaré no hacerlo muy largo por lo que, por fortuna para Vds., las aburridas explicaciones teóricas se verán reducidas en lo posible. Eso sí, de la guía de escucha no van a librarse tampoco esta vez. De todas formas, les adelanto que la música se basa tan fielmente en el poema que no van a tener el menor problema en seguirla y disfrutarla.
Unas breves palabras sobre el autor del poema. Amigo personal de nuestro compositor, incluso alumno suyo en lo que a enseñanza musical se refiere, Richard Dehmel era muy conocido y popular en las dos últimas decadas del XIX y su influencia en la literatura en alemán de la época y posterior fue más que notable. Muchos lieder de Strauss, Zemlinski o Weber se componen a partir de sus poemas. Su universo lírico, basado en la relación hombre-mujer sincera y sin ataduras y cargado de conceptos como el amor libre o la libre unión erótica, es definitorio en su corpus de poemas. La amistad con Mahler o Strinberg no era en absoluto ajena a esas ideas.
El poema Verklärte Nacht pertenece a su libro Weib und Welt (Mujer y Mundo) y creo que ha llegado el momento de que disfruten del mismo:
Verklarte Nacht
Zwei Menschen gehn durch kahlen, kalten Hain;
der Mond läuft mit, sie schaun hinein.
Der Mond läuft über hohe Eichen;
kein Wölkchen trübt das Himmelslicht,
in das die schwarzen Zacken reichen.
Die Stimme eines Weibes spricht:
Ich trag ein Kind, und nit von Dir,
ich geh in Sünde neben Dir.
Ich hab mich schwer an mir vergangen.
Ich glaubte nicht mehr an ein Glück
und hatte doch ein schwer Verlangen
nach Lebensinhalt, nach Mutterglück
und Pflicht; da hab ich mich erfrecht,
da ließ ich schaudernd mein Geschlecht
von einem fremden Mann umfangen,
und hab mich noch dafür gesegnet.
Nun hat das Leben sich gerächt:
nun bin ich Dir, o Dir, begegnet.
Sie geht mit ungelenkem Schritt.
Sie schaut empor; der Mond läuft mit.
Ihr dunkler Blick ertrinkt in Licht.
Die Stimme eines Mannes spricht:
Das Kind, das Du empfangen hast,
sei Deiner Seele keine Last,
o sieh, wie klar das Weltall schimmert!
Es ist ein Glanz um alles her;
Du treibst mit mir auf kaltem Meer,
doch eine eigne Wärme flimmert
von Dir in mich, von mir in Dich.
Die wird das fremde Kind verklären,
Du wirst es mir, von mir gebären;
Du hast den Glanz in mich gebracht,
Du hast mich selbst zum Kind gemacht.
Er faßt sie um die starken Hüften.
Ihr Atem küßt sich in den Lüften.
Zwei Menschen gehn durch hohe, helle Nacht.
La noche transfigurada
Dos personas caminan a través de un desolado y frío bosque;
la Luna los acompaña, y ellas la contemplan.
La Luna se desplaza por encima de los altos robles;
ni una nubecilla enturbia la luz celeste
hacia la que se yerguen las negras cumbres.
La voz de una mujer habla:
Llevo un hijo dentro de mí, que no es tuyo,
camino en pecado junto a ti.
He cometido conmigo misma un grave delito.
No creía más en la felicidad
y, sin embargo, sentía un fuerte anhelo
de dar sentido a mi vida, de sentir la felicidad materna
y el deber; por eso tuve la desvergüenza
de permitir estremecida que mi sexo
fuese tomado por un hombre extraño
e incluso me sentí bendecida por ello.
Ahora la vida se ha vengado:
ahora que te he encontrado a ti, ¡oh! a ti.
Ella camina con pasos torpes.
Ella mira hacia lo alto: la luna la acompaña.
Su mirada sombría se anega en luz.
La voz de un hombre habla:
Que el niño que has concebido
no sea una carga para tu alma.
¡Oh, mira, con qué claridad resplandece el universo!
Todo está rodeado de esplendor;
tú me empujas hacia un frío mar,
y, sin embargo, nuestra propia calidez centellea
de ti en mí, de mí en ti.
Ella hará que el extraño niño se transfigure;
darás a luz como si fuese mío;
tú me has aportado el esplendor,
de mí mismo has hecho un niño.
Él la abraza por sus fuertes caderas.
Su aliento se besa en los aires.
Dos personas caminan a través de una noche sublime y clara.
Richard Dehmel
(Trad. Gabriel Menéndez Torrellas)
Hermoso, ¿verdad? Y heredero del romanticismo alemán de todas todas. Como les indicaba antes, la poesía se estructura en cinco partes bien diferenciadas, tanto formal como conceptualmente. 1ª, 3ª y 5ª, mucho más breves y de corte descriptivo y 2ª y 4ª, más extensas y trenzando entre ambas un diálogo dramático. La dualidad a la que me refería al inicio de la entrada es evidente. La belleza, la suavidad, la melancolía, la esperanza del texto, definitorias y resplandecientes.
Y sobre estos mimbres levantó Schonberg una bellísima, atractiva, fascinante composición. Y como la poesía de la que surge, consta también de cinco partes que se corresponden con las de ésta: Sehr langsam - Breiter - Schwer getont - Sehr breit und langsam - Sehr ruh [más o menos: Muy despacio (Adagio molto) - Más amplio (Largo assai) - Pesadamente marcado (Pesante/Grave) - Muy amplio y lento (Largo e Adagio molto) - Muy tranquilo o suave (Adagio)]. He de hacer notar que tanto la traducción como la equiparación a los términos son mías y están hechas como diox me dio buenamente a entender y para que Vds. me sigan. Para nada lo tomen como algo académico. Como es altamente probable que la traducción sea en algunos casos errónea y no se equipare a los términos ortodoxos musicales al uso, se agradece cualquier aportación por parte de los germanotranscriptores o los músicos, que esta bitácora puede presumir de tener como asiduos visitantes unos cuantos en una y otra rama.
No tendrán ningún problema en apreciar los diferentes movimientos pues van separados por leves pausas. Además el ritmo les dará pistas sobre el cambio. La ventaja añadida es que los fragmentos musicales se adaptan como un guante al poema. Descripción de la naturaleza en los impares; expresión de sentimientos humanos, en sus complementarios. Los impares forman un solo bloque, con preludio, interludio y postludio. Y así nos van marcando el camino que la pareja sigue desde la más absoluta desolación y soledad en un bosque escondido bajo las tinieblas (1), pasando por la breve iluminación de la luna que ayuda a la mujer a caminar y hace que conciba esperanza (3), hasta el triunfo de la claridad, la serenidad, la luz (5). No hay drama en ninguno de los tres. Musicalmente, la variación a lo Brahms articula las tres piezas y la pliega a la descripción.
El drama se desarrollará por el contrario y con toda su fuerza en los movimientos pares, en los que la sensualidad está fuertemente marcada. La tensión dramática asciende o desciende en el mismo orden que en el poema, sustentada por los crescendi y rallentandi sucesivos. Ahora no hay variaciones sobre un mismo tema, sino varios leitmotiv, como sucede en la ópera wagneriana. Son ellos los que permiten que la música se adapte con precisión al poema como una segunda piel sobre éste. En el primer caso, la tristeza, la agitación y la fiebre del sentir de la mujer y de su sensación de pecado cristalizan en el temblor de los violines, en ese movimiento progresivamente ralentizado (2). Por el contrario, el cuarto movimiento es mucho más suave, marcado por los violoncellos. Su sonido modulado y sereno pone voz a la respuesta reconfortante de su compañero.
Y el movimiento final, aun siendo descriptivo, presenta múltiples atisbos de atonalidad (mucho más que en el resto de la obra, aunque ahí puedo patinar de manera ostentosa). Yo no sé definirles la atonalidad; solo sé que la siento. Es como un desvanecerse, como el triunfo de la suavidad sin dominio alguno. Esos pasajes que parece que se empeñan en llevarle la contraria a lo que nuestro cerebro nos adelanta. Y esa atonalidad puede llegar a crear angustia y ansiedad o todo lo contrario: la más profunda y desvaída serenidad. Y siempre tengo esa sensación al escuchar el final de esta obra. El biógrafo y alumno de su creador, Egon Wellesz lo describió así, en 1921: "Ahora, sólo la naturaleza tiene la palabra. Con una dulzura de infinita pureza, la música pinta el cuadro de un bosque solitario envuelto en una viva claridad. Rodeada por una indecisa melodía se estremece aún la dicha de los dos seres que se han reencontrado". Pues eso, exactamente eso.
La versión original fue estrenada en la Kleiner Musikvereinsaal de Viena, en marzo de 1902. Como se pueden imaginar esa mezcla entre la variación brahmsiana y la sonoridad de Wagner por un lado con pasajes de una más que incipiente atonalidad desconcertó al público. Ni les hablo ya del erotismo del poema transcrito a la pieza musical, porque, más que desconcertarles, yo diría que directamente los turbó. Se prohibieron las audiciones posteriores en dicha sala. La que hoy pueden escuchar a continuación, mis queridos lectoyentes, es sin embargo la transcripción que el propio compositor realizó para orquesta de cuerdas, con partitura para contrabajos. Fue estrenada por el mismo Schonberg en 1919 y revisada definitivamente por él en 1943.
A pesar del rotundísimo fracaso en el día de su estreno y del escándalo que provocó, les aseguro que Dehmel quedó fascinado por la fiel reinterpretación musical de su poema. Espero que a Vds. les suceda exactamente lo mismo. Yo desde luego me confieso enamorada sin remedio de esta Noche Transfigurada.
Una última recomendación: intenten echarle un vistazo a la obra pictórica que dejó Arnold Schönberg. Vale la pena.
Espero que hayan conseguido llegar sanos y salvos hasta aquí. Bueno, Vds., su mente y sus oídos. Confío también en que la obra les haya proporcionado serenidad y belleza en la espera y que la guía les haya sido de utilidad. No me olvido de mencionar que la primera vez que la escuché en directo la disfruté muchísimo pues previamente me había apoyado en textos de Gabriel M. Torrellas y Juan Manuel Viana. El ritmo de la guía tal y como se la he descrito ahora ha corrido de mi cuenta con los conocimientos que entonces aprendí. La escucho tan a menudo que casi me la sé de memoria. Como tal opinión, absolutamente subjetiva, es susceptible de enriquecerse o modificarse con las que Vds. voluntariamente aporten.
Como tengo el ánimo vago para escribir y cada vez que me da por actualizar las Variaciones me quedo algo exhausta, quizá la próxima entrega se demore un poco. Pero no se hagan ilusiones, que siempre vuelvo.
Mientras tanto, disfruten de esta primavera cambiante y traviesa. Si la alergia no se lo impide salgan al campo, que está precioso y aprovéchense de los días cada vez más largos y cálidos. Con los tiempos que corren eso es más que un privilegio. Yo por mi parte casi estoy preparando ya un todavía improbable viaje en junio. Y se me hace la boca agua solo de pensarlo, aunque no se materialice... ¡Ah, se siente!, que llevo un montón de meses sin hacer una sola excursión, ni siquiera a la Casa de Campo y mi annus horribilis no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Y no se me quejen, que Vds. acaban de volver de Semana Santa.
Intenten pues sufrir lo menos posible, que les va a dar igual y no está el horno para desgastes inútiles.
Intenten pues sufrir lo menos posible, que les va a dar igual y no está el horno para desgastes inútiles.
Buenas noches.
A.Schönberg (1874-1951). Verklarte Nicht (Noche transfigurada). Op. 4, 1899. Versión para orquesta de cuerda del propio compositor realizada en 1917. Tapiola Sinfonietta. Jean-Jacques Kantorow, director. BIS, 1995. ELPAIS, 2004.
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