Un regalo de Sergio Astorga

martes, 7 de mayo de 2013

Exposiciones múltiples y prolongadas




¿Qué creían, que la condesa no iba a ser capaz de superar la semana? Pues ya ven Vds. que andaban errados. Y es que, en eso de exponerse a varias exposiciones y aunque expuesta a una más que probable sobredosis, esta aristócrata que les relata suele salir de la prueba no solo indemne sino también triunfante. Es más, puedo afirmar sin rubor que disfruté como una menina. Eso sí, el dolor de pies fue de tal calibre que ganas me dieron el último día de colgármelos al hombro y eso que iba con bailarinas para aguantar de la mejor manera posible las colas, las paraditas, los pisotones y el calor.


Bueno, creo que ha llegado el momento de abandonar preámbulos tontos e intentar entrar en materia.


El martes por la tarde, después del ensayo y de comer con la gente de teatro, me fui derechita al Thyssen. Como me había visto obligada a cambiar el recital de piano de Jorge Luis Prats por el ineludible funeral de alguien muy querido -pensaba que tampoco me perdía mucho pues era un sustituto obligado dada la imposibilidad de cambiar las entradas del concierto que tuvo que suspender Kocsis- me tomé la tarde con más calma y me dispuse a disfrutar a pesar de la gente.

La mini muestra de Munch (1 cuadro del barón y 3 de la baronesa postiza) no requería en apariencia mucho tiempo pero sí calma, tal vez porque seguramente son los únicos del noruego que tenemos por aquí. Y porque los cuatro merecen la pena, aunque seguramente venga luego mi querida Anarkasis a enmedarme la plana. ¿Con cuál de ellos me quedé? Pues con el del barón, que solía ser más selectivo que su consorte; y aunque en este caso los de doña Tita merecían aplauso lo cierto es que Atardecer es una pintura ante la que podemos permitirnos el lujo de abandonarnos y dejar que el reloj camine, porque es hermosa con ganas.




De todas formas y ya que estaba allí, decidí darme una vuelta por la muestra de Hiperrealismo. ¡Qué quieren que les diga! A mí esas obras me fascinan. Y me da igual que a sus autores los llamen copistas y que los tilden de faltos de originalidad. Me importa un rábano si proyectan una diapositiva sobre el lienzo o utilizan la técnica del estarcido para traspasar el motivo o cualquier otro truco que quieran... ¿Saben que uno de ellos divide el lienzo de trabajo en cientos de cuadrados de 3 cms. de lado y en pintar una sola de esas superficies minúsculas tarda más de diez días? Y además me gustan mucho, pero mucho mucho los motivos que utilizan: las motocicletas, los coches antiguos, las cabinas de teléfono relucientes, las vistas nocturnas o diurnas de una ciudad... Son impolutos, limpios, perfectos, pulidos. E infinitamente más bellos que una fotografía del mismo motivo, precisamente porque no lo son. Acrílicos, óleos, pasteles incluso sobre lienzo, madera, cartón o cualquier otro tipo de superficie pulida antes o después de la ejecución. FAS-CI-NAN-TES.



Richard Estes. Cabinas telefónicas. 1967. Pintura acrílica sobre masonite. 122 x 175,3 cms.
 Museo Thyssen-Bornesmiza. Madrid


Al día siguiente tocaba viaje y madrugón pero escuchar a Diego y, sobre todo, sentir su abrazo y su alegría compensaba con creces la falta de sueño. Tras el concierto, una comida plácida, una charla tranquila y bienhumorada y un largo y reposado paseo románico-gótico-renacentista completaron el día.

Las únicas que empezaban a no estar de acuerdo con el cerebro y el ánimo eran las extremidades inferiores. Y eso que todavía no sabían que les faltaba lo peor.

El jueves amaneció espléndido, soleado y todavía frío. Autobús hasta la Fundación Canal y exposición sobre Pompeya... Y.. bueeeenoooo. Unos me habían hablado muy bien de ella; otros, no tanto; unos cuantos (los que conocían la ciudad y su museo), habían echado pestes. El caso es que, dentro de que esa entidad se caracteriza más por el sentido didactico de sus exposiciones que por la calidad o exquisitez de lo expuesto pues, para mí, ni lo uno ni lo otro. No les negaré que parte del disguto vino motivado porque las salas estaban a rebosar (y eso que era pronto) debido al afán recaudatorio de los organizadores. Así no hay forma de ver ni disfrutar nada. Otra, porque no aportaba prácticamente nada nuevo a lo tantas veces escuchado y visto en reportajes, recreaciones o películas. Y una más porque las cartelas informativas de las piezas eran tan deficientes -prácticamente ninguna pieza estaba datada y no todas eran de la época de la erupción y en muchas de ellas no se indicaba procedencia o material- que el supuesto contenido instructivo de tan magno despliegue se quedaba en algo casi casi teórico.



Joven mujer escribiendo. Fresco de Pompeya. Siglo I d.C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles


Ahí sí que los pies empezaron ya a dar muestras de enfado serio por no decir directamente de cabreo supino. Pues, ni por ésas. Decidí castigarlos un poquito más y marcharme a ver, aunque fuera brevemente, la de Durero.

Y ¡qué gozada, mis queridos lectoyentes! No pude estar más que una hora, con lo que me dio tiempo a hacerme una idea clara de cómo estaba organizada la muestra y ver la sala introductoria con las obras de los grabadores alemanes contemporáneos o inmediatamente anteriores a don Alberto. Y a deleitarme viendo despacio las tres joyas de la corona. Prometí volver con calma al día siguiente, bien pertrechada además de una lupa potente y fiable.


En la mañana del viernes y un cuarto de hora antes de las 10 ya estaba yo en la puerta de la Biblioteca Nacional esperando a que abrieran. Sola, completamente sola en las salas. Todos los grabados para mí. Sin codazos, achuchones, gente que te pasa por delante, ruidos ni estiramientos de cuello para ver algo. Los más avispadillos me dirán y con razón que, después de todo, son los grabados de siempre. Sí, los de siempre, pero soberbios. La colección que la BN posee de las estampas del alemán es excelente. Y cada cierto tiempo la expone o la presta para otros eventos. Pero no siempre saca toda la artillería pesada a la vez y para la misma muestra. Y esta vez se lucieron bien. El tiempo pasaba volando entre buriles, xilografías y algún que otro aguafuerte. 

Y de entre los primeros, la trilogía de oro: San Jerónimo en su celda,  la Melancolía y el caballero, la muerte y el diablo.



Albrecht Dürer. El caballero, la muerte y el diablo. Buril 248 x191 mm. Biblioteca Nacional. Madrid


Alguno de Vds., lectoyentes míos, sabrá del enorme placer que puede haber en recorrer un grabado original a medio palmo de la nariz y con una buena lupa. 

Y los minutos corrieron tanto que cuando finalmente terminé de ver la sala IV, caí en la cuenta de que una hora impresa en una entrada para otro nuevo sitio me exigía salir de allí deprisa y corriendo. Cuando me marchaba había gente pero se podía ver con holgura y tranquilidad. No quiero ni pensar qué habría pasado si esa misma exposición hubiese tenido lugar en el Prado, siendo anunciada a bombo y platillo por los medios de comunicación. Me apuesto las ínfulas a que la cola daría un par de veces la vuelta al museo llegando hasta el Botánico.

El siguiente y último lugar andaba cerca y tocó ir andando. Excuso decirles los improperios que salieron de mis augustos pinreles.

Y es que habíamos llegado a las dos últimas exposiciones. Gracias a la previsión de quien esto les cuenta, no tocó hacer cola -que la había y enorme, por cierto- pero sí que es verdad que a los maltrechos pies les esperaban las dos exposiciones más largas y con mayor número de obras de toda la semana.


V.v.Gogh. Autorretrato. 1887. Óleo sobre lienzo. Musée d'Orsay, París. 



Ya vendrá ya Anarkasis a decir que si tal y que si cual y que los cuadros de Orsay que le prestan a la Fundación Mapfre son siempre los desechos y cosas por el estilo. Pero que no, que no, que había Van Goghs -varios- Pissarros, Renoirs, Picassos, Derains, Vuillards, Renoirs, Toulouse-Lautrecs, Anglada Camarasas, Casas, Sargents, Monets, Sorollas, etc., etc., etc. Y totalmente de acuerdo con la tesis sostenida por algunos de que en los últimos dos años han dado más exposiciones de impresionismo, postimpresionismo y movimientos adláteres o satélites que en toda una década. Que sí, que sí, que tienen razón. Incluso se la concedo en parte a quienes sostienen que son estilos muy al gusto de los empleados de banca -que como todos Vds. saben somos el símbolo más evidente de la mediocridad-. Pero cuando uno se planta delante de la fachada de la catedral de Rouen a mediodía tiene la absoluta convicción de que algo de aquella transgresión decimonónica pervive en los lienzos del viejo y querido barbudo don Claudio. 


V.v.Gogh. Las caravanas, campamento gitano cerca de Arlés. 1888. Óleo sobre lienzo. Musée d'Orsay, París. 


A estas alturas de la semana expositiva sentía subir tales insultos provenientes de la parte de mi anatomía que me sostiene y dirigidos a mi aristocrática persona, que decidí que hasta ahí podíamos llegar. ¿No quieres caldo?... ¡pues dos tazas! A mí se me iban a poner chulos a estas alturas de la película... ¿Qué mejor forma de desentumecerlos y deshincharlos que un buen paseo con paraditas cada dos por tres, que sé que es lo que más les puede fastidiar en ese estado?

El viernes terminó pues de caseta en caseta de la Feria del Libro Antiguo y de ocasión porque adoro las librerías de viejo o de lance y no puedo resistirme al olor a papel húmedo y mohoso que desprenden algunos ejemplares. Y conmigo se vinieron varios libros antiguos de la colección Austral a 3 euros por barba (Lope, Berceo, el Marqués de Santillana, Zamora Vicente), todo un catálogo de estampas del Museo del Prado por 5 euracos y una sorpresa para un amigo querido impresa en 1929 y tirada de precio.


Lope de Vega. Poesías líricas. Colección Austral. 5ª ed., 26/04/1966. Ed. Espasa-Calpe. Madrid


¿Qué les ha parecido la semana expósito-festiva? Pues espero no volver a abrumarles con más pero en CaixaForum están  la de Artistas y Chamanes y la de Antes del Diluvio: Mesopotamia. Y luego, la de los dibujos del British Museum y la de La Belleza encerrada en el Prado... la de Dalí, en el Sofidú; la de Paul Klee, en la March; la de Pissarro, en el Thyssen, la de De El Bosco a Tiziano, en el Palacio Real...

Mejor no sigo, que mis pies están empezando a adoptar una figura un tanto grosera con sus respectivos dedos terceros bien enhiestos...

Y para rizar el rizo, les dejo con Mussorgski, al que seguro seguro que le ocurría lo mismo que a mí y tenía que salir deprisa y corriendo a ver las exposiciones que le cerraban en esa misma semana, por lo que el buen hombre acabó componiendo la música que hoy les traigo, de purita obsesión que cogió de tanto exceso cultural.

Que la vida y la primavera les sean propicias y que sean felices ahí fuera.

Buenas noches.


M.P.Mussorgski (1839-1881). Cuadros de una exposición. Orquesta Filarmónica checa. Karel Ancerl, director. Grabado entre 1964 y 1968. Supraphon, 2002.
1 - Paseo // 2 - I. El gnomo // 3 - Paseo // 4 - II. El viejo castillo // 5 - Paseo // 6 - III. Las Tullerías //
7 - IV. Bydio // 8 - Paseo // 9 - V. Polluelos en el cascarón // 10 - VI. Samuel Goldenberg & Schmuyle
11 - VII. Mercado en Limoges // 12 - VIII. Catacumba (Sepulcrum romanum)  // 13 - Con mortuis in lingua mortua  // 14 -  IX. Baba-jaga // 15 - Gran Puerta de Kiev.



lunes, 29 de abril de 2013

Bagatelas XX: En la espera





Rhinocerus. Albrecht Dürer. 1515. Grabado. 21,4 cm. x 29,8 cm. British Museum, Londres.



Ayer -primer día tranquilo desde que regresé- consulto la agenda de exposiciones pendientes y, ¡zasca!, resulta que me clausuran cinco de aquí al domingo. Una de grabados de Durero, en la Biblioteca Nacional; una minimuestra sobre Munch en el Thyssen, antes de que se lleven a Oslo uno de las joyas de la corona que el museo posee de ese chiquito noruego angustiado y chillón; dos de pintura impresionista y postimpresionista en la Fundación Mapfre y una más sobre Pompeya, en la Fundación Canal. Ahí es nada. Reorganización de la semana a toda prisa y sobre la marcha pues además tengo dos conciertos de piano -el martes (¡Aysss, que no veré el partido del Bernabéu!) y el miércoles- a los que no quiero faltar.

¡Caray con el stress de los prejubilados..!

Dado el panorama de hiperactividad que se me presenta -programa que cumpliré volentieri pero que no deja de ser cansado por muy agradable que resulte- y en tanto ordeno recuerdos, ideas y fotografías del pasado viaje y deslío la pata romano-artístico-musical, no me queda más remedio que reducir mi entrada a una nueva bagatela a fin de que se entretengan y no me acusen de pereza mientras encuentro tiempo para argumentos de mayor enjundia. Aunque, ...¡anda que no la prefieren a los rollos teórico prácticos..!, que lo sé yo.

Con todo, no piensen que les dejo con lo primero que me ha salido al paso en la estantería. La obra de hoy es para mí una música querida y muy especial. Algún día les contaré la razón principal de ello pero, por el momento, básteles con saber que uno de los motivos de esa predilección viene implícito en el título de la misma.

Sin más preámbulos les dejo con ella. Disfrútenla, báilenla, arrástrenla. Péguense, acérquense, abracen y besen a su pareja mientras suenan las inspiradas sensaciones de ese argentino famoso y genial saliendo de la madera, el arco y los dedos de esos cuatro fantásticos músicos del desaparecido Alban Berg Quartett.

Y, como siempre, intenten ser felices a pesar de.



A. Piazzola(1921-1992). Tango Sensations. En el álbum, "20th century Masterpieces". Interpretado por el Alban Berg Quartett. Emi, 2004.
1) Asleep
2) Anxiety
3) Awake
4)  Fear


sábado, 13 de abril de 2013

Bagatelas XIX: ¡Ay, este azul..!




Cap de Formentor. Mirador des Colomer, el 12 de abril de 2013 (Fotografía Paz Juan)





¡Qué bien me viene respirar este color de vez en cuando..!





¡Ay, este azul! Pancho Cabral. Cantada por Valeria Texeira


Sean felices en tanto vuelvo, si es que no me quedo a vivir definitivamente por aquí.


lunes, 1 de abril de 2013

Illes Balears


A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero

Miguel Hernández  
Elegía a Ramón Sijé












Llevo varios días sentada frente al ordenador organizando los itinerarios de un viaje que llega cuatro años tarde. Cuatro años tarde para dar un pequeño salto junto a Rafa y plantarnos en un suspiro en Palma de Mallorca para el abrazo y el adiós. Cuatro años tarde para acceder a la hospitalidad franca y abierta de una casa con balcones a la plaza mayor. Es un poco el reflejo deslucido de aquel otro viaje que no pudo ser. Es un homenaje pequeño. Y es también el traer a la memoria los paisajes y la luz de una Mallorca y una Eivissa que conocí en noviembre de 1978 de la mano de un novio que no lo era y de una carabina pegajosa y obtusa. Seguramente el recuerdo que guardo de aquel entonces no tenga nada que ver con las islas que son ahora. Es probable que algo me decepcione aunque solo sea porque han pasado 35 años y el turismo siempre deja su huella por mucho que en algunas zonas de las islas se intenten evitar o contrarrestar sus efectos secundarios. Da igual. El jueves nos esperan dos o tres de las islas más hermosas del Mediterráneo. No queda más que zambullirse en el tiempo y salir del agua renovados y abiertos a lo que nos ofrezcan, que seguirá siendo mucho.



María del Mar Bonet. El cor del temps. Les illes (letra de Vicent Andrés Estelles y María del Mar Bonet. Música de María del Mar Bonet). Grabado en directo en el Palau de Sant Jordi el 23 de abril de 1997. Picap, 1997.



Gorriones de la plaza de Santa Eulalia,
adiós, adiós, adiós.
Me voy y yo no sé cuándo podré volver a la isla.

He amado mucho una isla;
ella quería ser libre y no quería casarse,
alegre y graciosa como una palmera.

El moribundo os ruega, todavía con un hilo de voz:
Habladme de las Islas
¿Es cierto que Ibiza se ha casado?

Islas del ocaso,

¡cómo os añoro! Limas y naranjas...
Volaban las parras.

Menorca la bella;

sobre Mahón, la luna.
Y el sol duerme en Ciudadela.

Anoche soñé que me nacía una isla.

Unos hombres la despedazaban.
¡Ay, pequeña Dragonera!






Si guardo una imagen clara y nítida de la ciudad de Palma es aquella que me contiene a mi misma en el patio del castillo de Bellver, junto al pozo, y la ciudad a los pies desde lo más alto de la edificación circular. De la catedral guardo una sensación de amplitud pues por entonces no conocía nada del gótico francés y era la primera vez que mi vista podía perderse a gusto por toda la nave del inmenso edificio sin topar con ninguna mole pesada de piedra que encerrase un coro. Fortificada, monolítica, iluminada y clara. Debo reconocer que no guardo la más mínima remembranza de la Llontja o del Palacio de la Almudayna. Pero sí me vuelvo a ver sentada en una terraza de la plaza mayor, tomando un vermú casi en pleno invierno, bajo un sol suave, con apenas 20 años y una relación recién iniciada. Y un establecimiento que puede que todavía exista, con fachada de color verde brillante, donde compré las ensaimadas más fantásticas que he comido en mi vida. 

Palma, aquélla por la que, llevada de mi modo de vida matritense, circulaba con mi primer R5 de color rojo cambiándome continuamente de carril y aterrorizando a los tranquilos conductores de la isla. La que bullía dentro de un orden. La que se desperezaba cada día de otoño diáfana y a la medida del hombre y no del tráfico. Bella y activa. La que me brindó su fachada más hermosa, de amanecida,  desde la cubierta de un barco, bajo mi mirada somnolienta y feliz.  



María del Mar Bonet. El cor del temps. Mercè. (letra y música de María del Mar Bonet). Grabado en directo en el Palau de Sant Jordi el 23 de abril de 1997. Picap, 1997.



Mercè
Palma lejana;

y yo lejos de las calles,
lejos de los almendros
de aquellas calles que mueren en la muralla.

Mercè, 
lejos de tu mirada
y del viento tranquilo,
de la casa clara;
lejos de las azoteas
donde los gorriones se aman y cantan,
y las monjas tienden
los pecados del mundo y la ropa blanca.
Y un fraile baila
sobre el tejado,
esperando emprender el vuelo,
hacia el azul del cielo,
faldas al aire.

Mercè,
sobre tu mesa flores y naranjas;
las gaviotas te acompañen
el lento caminar hacia la hora baja.
Siempre volveré 
hasta nuestra playa;
las olas no me dejan, madre,
alejarme mucho...




Y comienza el recorrido de aquel recorrido. Desde el mirador que nos regaló la Dragonera petita, subir serpeteando por la Tramontana, ese esqueleto duro y bellísimo que vertebra la isla. Descubrir el Mirador de las Ánimas y Estellencs, hasta llegar de anochecida a Valldemossa para visitar a la mañana siguiente, casi con unción, la celda donde un Chopin enfermo, enfadado por aquel piano que no llegaba nunca y decepcionado por los derroteros que tomaba la relación con su amante Aurora Dupin, daba forma a la mayor parte de su "colección" de Preludios, que terminaría allí mismo.


Chopin (1810-1949). 24 Preludios op. 28. Maria João Pires, piano. Deutsche Grammophon, 1994






Y así durante un par de días más pasamos rozando el Puig, nos sumergimos en Lluc, descendimos a Sa Calobra y el Torrent de Pareis por esa carretera imposible con curvas que se retorcían sobre sí mismas. Nos acompañaba la noche a la intemperie en una débil tienda de campaña y el olor a romero y hierbas aromáticas por toda la montaña.


Las bahías de Pollensa y Alcùdia se nos abrieron entonces generosas al final del camino. La subida al Calvario -qué jovenes éramos entonces que lo hicimos casi de un tirón- y esa sorpresa final, inmensa, azul hasta donde puede abarcar el horizonte que es el Cabo de Formentor, con la playa a los pies y una de las vistas más soberbias a las que he tenido acceso en toda mi vida.



María del Mar Bonet. El cor del temps. El pi de Formentor.  (Letra de Miquel Costa i Llobera y música de María del Mar Bonet). Acompañada de la Coral Universitària de les Illes Balears. Grabado en directo en el Palau de Sant Jordi el 23 de abril de 1997. Picap, 1997


¡Mi corazón ama a un árbol! Más viejo que el olivo,
más potente que el roble, más verde queel naranjo,
en sus hojas conserva la eterna primavera, 
y lucha con los vientos que arrasan la ribera
cual un guerrero gigante.

No asoma por sus hojas la flor enamorada;
no va la fuentezuela sus sombras a  besar;
mas Dios ungió de aroma su testa consagrada
y por trono le dio la agreste serranía,
y por fuente la mar.

Si lejos, sobre la ola, nace la luz divina,
no canta por sus ramas el ave que cautiva;
el sublime grito oye del águila marina,
o del alto buitre siente el ala gigante
remover su follaje.

Del limo de esta tierra su vida no sustenta;
por las rocas retuerce su poderosa raíz,
tiene lluvia y rocío y viento y luz ardiente,
y, cual viejo profeta, recibe savia y vida
del amor de los cielos.

¡Árbol sublime! Viga imagen del genio:
domina a las montañas y acecha al infinito;
por él, dura es la tierra, mas su ramaje besa
al cielo que hechiza, y tiene al rayo y al viento
por gloria y por deseo.

¡Oh, sí! Cuando a sus anchas brama la tempestad
y por entre la espuma parece caer su peña,
él ríe y canta entonces más fuerte que las olas,
y vencedor sacude sobre los nubarrones
su cabellera real.

Mi corazon te envidia. Sobre la tierra impura,
llevaré como santa prenda tu recuerdo.
Luchasr siempre y vencer, reinar sobre la altura
y nutrirse y vivir de cielo y de luz pura...
¡Oh vida! ¡Oh noble suerte!

¡Levántate, alma fuerte! Entre las nubes cruza,
y cual el árbol de la peña arraiga en la altura.
Verás caer a tus plantas la airada mar del mundo,
y tu canción tranquila cruzará la ventada
como ave del temporal.






Después llegaría el encanto de la lluvia atravesando las huertas del interior, entre Inca y Manacor, por caminos pequeños y aislados. Y la fascinación viendo soplar el vidrio, para desembocar después al otro extremo de la isla. Para hundirnos en la tierra por cuevas espectaculares con salas iguales a las de inmensos palacios o pequeñas y graciosas, navegables por un lago diminuto con luces cambiantes para turistas al tiempo que recordábamos El Verdugo de Berlanga.

La costa este, ya muy tocada por ese turismo atroz que asoló la isla durante muchos años. Salimos corriendo de Port Cristo o Port Colom para adentrarnos en pequeños refugios que aún existían -y ojalá existan todavía- casi en el sur: las calas d'Or, Montdragó  o Santanyí.

Por aquel entonces -y ya de regreso a Palma para el retorno- se nos quedó una asignatura pendiente. Yo confío este año en acercarme a la Cabrera, pequeña y con forma de pieza de puzzle, protegida y protectora de especies y paisaje. Para bordearla y acceder a su cueva azul.

Este año habrá también, como entonces, un viaje relámpago a Eivissa, la Aiboshim, la Madina Yabisah. Espero que ahora sea tan impagable como entonces la llegada por barco para fondear en una isla blanca, con la espléndida fachada de la catedral y todo el Dalt Vila dominando. Y pasar casi todo el día en ella, revisitando el Puig dels Molins, subiendo a Santo Domingo, dejándonos rodear por las murallas y dando gracias a la diosa Tanit, que la conserva hermosa a pesar de las discotecas y la música electrónica y las borracheras...   

El viaje terminó por aquel entonces y se iniciará de nuevo dentro de tres días. Con más años y las mismas esperanzas. Menos ilusionada y más madura. Con menos sueño y más vida a las espaldas. La misma de entonces y otra persona completamente distinta. Pero ellas no... ellas siempre permanecen. La Dragonera pequeña; Eivissa, la isla novia; Cabrera, que se ancla al fondo marino con sus tentáculos de roca y pino y Mallorca, la isla mayor, la que nos guarda la esperanza de poder alcanzar un día la que nos falta, la Menorca barrida por la tramontana, solitaria y salvaje. Pero sobre todo la Mallorca que me trae añoranza de recuerdos no vividos con quien ya no es pero está, recuerdos que no pudieron ser y sin embargo existen y existirán siempre, allí donde la realidad no es necesaria. 

Y tener la sensación de que todas las Illes Balears forman parte de un todo mucho más grande y más altivo y siempre hermoso y al alcance de la mano. Cuando regrese de esta andadura seré mucho más consciente todavía de lo que significa sumergirse en ese estanque -como lo llaman los franceses- pequeño, maltratado y muy hermoso  y más consciente también del orgullo de pertenecer a un país llamado nada más y nada menos que Mediterráneo.



María del Mar Bonet. El cor del temps. Des de Mallorca a l'Alguer.  (Letra de Albert García y música de María del Mar Bonet). Grabado en directo en el Palau de Sant Jordi el 23 de abril de 1997. Picap, 1997.




Desde Mallorca al Alguer

los pañuelos de los barcos van saludándose a Poniente,
los olivos al viento,
bruma antigua del cielo,
haciendo mariposas de verde.

Desde Mallorca al Alguer

la luna dice cada noche:
"el mar se muere lentamente."
Por la mañana le responde el sol:
"El fuego avanza incendiando,
las montañas que veo".


Desde Mallorca al Alguer,

desde la Alcùdia a Albuixech,
desde Maó a Cadaqués,
desde Montgó a Es Vedrà,
desde Talltendre a Queixans,
de Porqueroles a Calp,
desde Mallorca al Alguer,
desde Dalt Vila a Sant Joan,
desde Tabarca a Forcall,
de Ciutadella a Llançà,
de Espalmador a Alcanar,
de Torreblanca a Malgrat,
desde Mallorca al Alguer.

Antigua canción de la mar;

donde se mecen las islas
hoy se tienden las manos,
desde Mallorca al Alguer.

Palabras que canta la gente

es un lenguaje que entiendo
pues todos hablamos el mismo.




Procuren trabajar lo menos posible y a la vuelta hablamos. Mientras tanto, ya saben, lo de la felicidad... que nunca viene mal serlo, al menos a ráfagas veloces y diminutas.

lunes, 25 de marzo de 2013

Biber y el rosario de la aurora









Hoy es Lunes Santo y eso significa dos cosas:

Que puesto que han podido usar el teclado para acceder sin ningún problema a leer esta entrada, quiere decir que no se quedaron sin manos. O lo que es lo mismo, que a pesar de ser una pandilla de descreídos siguen estrenando el domingo de Ramos calcetines, pañuelos, corbatas o alguna braguita con más o menos puntillas... por si acaso lo del refrán es verdad.

Y que estamos en Semana Santa.


¡Ajajá!, lo han adivinado Vds. y no van a librarse. Toca música sacra.

Sí, no me miren con esa cara. El hecho de que no vayan religiosamente a los Oficios de miércoles, jueves, viernes y sábado santo no quiere decir necesariamente que éstos no lleguen a Vds. (ya saben, lo de Mahoma y la montañita), que para eso tienen a la trasnochada condesa. Ella va a ocuparse, mis queridos lectoyentes,  de que no les falte un Motete, un Oficio o una Lección de tinieblas, un Oratorio, una Cantata, una Pasión que echarse a la oreja. ¡Faltaría más! Para eso estoy yo aquí.

Este tiempo es, junto con el de Navidad, el que mayor cantidad de piezas ha inspirado, por encargo o motu proprio. Y todas, toditas de iglesia. Grandes dosis de tristeza, recogimiento y solemnidad. Soprano y contraltos cantando con desolación, tenores y altos entonando respetuosamente. Mucho órgano,  mucha batuta y mucho clave. Y un marcado tufillo a cera e incienso.
En definitiva, la pompa y el fasto que la celebración litúrgica requiere, que no todos los días cogen al jefe, lo enchironan, le hacen judiadas, se lo cargan y resucita.

Andaba yo la semana pasada decidiendo qué ponerles entre todo el repertorio que hay por casa, cuando un concierto al que asistí vino a resolver todas mis dudas.

Creo que no es la primera ni la segunda vez que hablo en esta bitácora de las Sonatas del Rosario de Biber, también llamadas Sonatas del Misterio. Me enamoré de ellas desde la primera vez que las escuché, al grupo La Risonanza y en directo allá por el año 2004, en el Liceo de Cámara. Por casa hay tres versiones. Pero les aseguro que las que tuve la suerte de escuchar el otro día salir de los violines de Daniel Sepec superaron, de largo, las otras veces que las he oído en directo o en disco en estos nueve años.

No es la primera vez que veía a este violinista. De hecho, actúa con cierta frecuencia precisamente en los ciclos del Liceo de Cámara aunque no solo. Junto con Antje Weithaas, Tabea Zimmermann y Jean-Guihen Queyras forma el cuarteto Arcanto. Cuatro espléndidos, jovencísimos y nada ortodoxos violines, viola y cello. 

Por eso me sorprendió entre otras cosas una interpretación tan "poco Arcanto" de la obra maestra del austro-bohemio.  Arropado y magníficamente acompañado en el escenario por Hille Perl, a la viola da gamba; Lee Santana, con archilaúd y tiorba y Michael Behringer, al teclado de clave y órgano, dio un soberbio recital de interpretación. En sus manos, siete violines, de los que al menos tres eran Stainer -el luthier barroco tirolés- originales. Un concierto largo pues tocaron 10 de las 15 sonatas, para terminar con la Sonata del Ángel de la Guarda, sin acompañamiento del bajo continuo. Pero no se hizo tal pues las diferentes partes se iban desarrollando con tal fluidez, el diálogo entre los instrumentos era en ocasiones tan hermoso (especialmente con la tiorba), la continuidad de las sonatas producía un crescendo con tanta armonía y tanta luz, que cuando salimos de la sala de cámara pasadas las diez y cuarto de la noche, habían volado dos horas y media de música. Y durante todo ese tiempo, un Biber soberbio anduvo planeando a sus anchas por el pequeño auditorio. 


Iba a decirles que no podrían imaginarse el disfrute de aquella audición, pero creo que sí que van a poder hacerlo. Aunque sin la magia del sonido y la imagen en directo, esta misma tarde ha llegado a casa la versión que grabaron los cuatro en el año 2010, en formato Super Audio CD. La precisión del dato tiene su razón de ser y no para darme pisto precisamente. Y es que nunca he escuchado este tipo de discos en el aparato para el que fueron concebidos -ni siquiera he estado cerca nunca de uno de ellos- pero a juzgar por cómo se oye en mi reproductor "no Super y casi no Audio", en uno de esos cacharros debe de ser músico-orgásmico directamente. 

Y ahora viene la parte más delicada. No me queda más remedio que contarles algunas cosas del conjunto de sonatas sobre el que les hablo. Ya, si lo sé, que esto es lo que menos les gusta, pero dentro del programa de entrenamiento al que pienso someterles para que se desentumezcan de tanta bagatela, no queda más remedio. No me lo agradezcan tan fervorosamente y no se quejen tanto que les estoy haciendo de coach por la patilla.... ¡Venga..., vale..!, lo haré lo más cortito posible, aunque ya saben que eso en mí no significa necesariamente brevedad.

Heinrich Ignaz Franz Biber era maestro de capilla en Salzburgo desde 1684 y en su calidad de tal había compuesto multitud de música sacra: misas y corales especialmente, pero también música profana. Con todo, si en este momento hoy es un músico recordado y prestigioso se debe precisamente al descubrimiento que se hizo posterior a 1890 de sus 16 sonatas para violín. Formaban parte  de un manuscrito de lujo propiedad de un científico de Munich, Karl Franz Emil Schafhäutl, que había legado a su muerte -justamente ese año-  a la Biblioteca bávara. De hecho, es el único original que se conserva de todo el corpus de sonatas. Cada una de estas partituras musicales estaba encabezada por una preciosa miniatura ilustrada, con pasajes de la vida de la Virgen o de Cristo y que se correspondían con todos y cada uno de los diferentes misterios -gozosos, dolorosos y gloriosos- que se rezan en el Rosario. De ahí los dos nombres de que les hablé. En 1905 fue publicado por vez primera gracias al editor Erwin Luntz y conviene aclarar que no le concedió a la obra el valor musical que hoy se le reconoce y lo dio a la luz más por razones históricas en orden a la importancia del descubrimiento que por considerar que realmente eran la obra cumbre de su autor.

Y han tenido que pasar unos cuantos años para que dicha calidad saliera a la luz, gracias en buena parte a la musicología moderna. ¿La razón? Pues verán Vds., buena parte de la culpa la tiene una palabreja llamada scordatura. Y es que para tocar estas piezas el violín debe de ser afinado en forma distinta a como es habitual. Además, salvo dos repeticiones, cada una de ellas lleva una afinación distinta. Es decir, se produce un cambio en los intervalos que rigen habitualmente entre las cuatro cuerdas del instrumento, renunciando a las quintas regulares. Y esta scordatura (que en definitiva significa "desafinación") exige una enorme dificultad para el que debe interpretar las sonatas (pocos violonistas hoy en día se atreven a ello) y también para quien las escucha pues al no darse los intervalos lógicos, el oído suele "reconocer" los sonidos como "desafinados" y los suyos no van a ser menos expertos. Esta técnica se dio a lo largo del siglo XVII pero las Sonatas del Rosario de Biber representan su ejemplo más complejo, sofisticado, brillante y espectacular.

Para no aburrirles demasiado terminaré con un par de apuntes más. La obra está dedicada, como muchas otras, al Arzobispo Príncipe de Salzburgo, Maximilian Gandolph von Kuenburg -a cuyas órdenes trabajó durante muchos años- mediante una extenso escrito lleno de alabanzas y loas al mentor y que encabeza el manuscrito:



La delicadeza y perfección de la partitura es tal que valga como ejemplo el hecho de que en la sonata del Nacimiento de Cristo, aparecen formando parte de la misma varios compases de otra sonata posterior, la de la Crucifixión de Cristo, como premonición de la pasión y muerte de Jesús. Esta premonición era habitualmente representada en relieves, tablas y óleos del XVII, pero rara vez en una composición musical. El cuidado y el preciosismo de la partitura nos dan idea también de la calidad compositiva de Biber.




¿Ven como no es tan difícil llegar hasta aquí? No me digan que no pueden más... pues vaya atletas musicales que están Vds. hechos... ¡Bah, que ya no les doy más la lata! Les dejo con la forzosa selección de Misterios (uno por cada grupo y quizá algún bonus track si se portan bien) pero debo hacerles una advertencia: les van a gustar tanto y las van a escuchar tantas veces seguidas que les van a dar las del alba. Al tiempo.


Descansen todo lo que puedan los que trabajen, disfruten lo que les sea posible los que estén de asueto y tómense con moderación la ingesta de torrijas. Seguro, seguro, seguro que al menos estas últimas les procuran un buen ratito de felicidad.

Buenas noches.

H.I.F.Biber (1644-1704) Rosenkranzsonaten. (Las Sonatas del Rosario o del Misterio). D.Sepec, violín; H. Perl, viola da gamba; L. Santana, archilaúd y tiorba; M. Behringer, clave y teclado. Coviello, 2010.
1) Die Geburt Christie - Der freudenreiche Rosenkranz (El Nacimiento de Cristo - Misterios Gozosos)
2) Die Geißelung - Der schmerzensreiche Rosenkranz (La Flagelación - Misterios Dolorosos)
3) Die Himmelfahrt - Der glorreiche Rosenkranz (La Ascensión - Misterios Glorioses)
4 Passacaglia (Der Schutzengel) [Pasacalle (El Ángel de la Guarda)]





lunes, 18 de marzo de 2013

Sokolov, el virtuoso infatigable










Una de las pocas cosas buenas de cumplir años es que cada vez se es más consciente de disfrutar lo bueno y por consiguiente paladearlo, ya que, como contrapartida, lo malo se ha convertido en compañero de plus en plus habitual, pertinaz, fiel y pegajoso.

Hace justamente una semana acudimos a nuestra cita anual con Sokolov. Esta vez había bastantes huecos, lo que también aquí refleja de manera bastante clara cómo anda el panorama económico general puesto que en otra época había bofetadas por ver y escuchar al ruso. Cuando la luz se atenúa y aparece en escena el señor Grigori, inmutable, con ese andar inclinado tan peculiar, sin ningún rictus de emoción en el rostro, cortés, educado, tan "soviético" todo él, sabemos perfectamente el lujo que representa poder seguir manteniendo un año más y sin agobios los abonos de música.

Y lo que este pianista absolutamente excepcional interpreta es siempre un regalo. Con una técnica de escuela rusa, impoluta y perfecta, sin que se le mueva un solo pelo de su blanca melena. Como siempre, un concierto largo y difícil por delante. Como siempre, ausencia total de partituras en las que apoyarse. Como siempre, la espera final de un derroche de propinas.

Miren, yo no sé si este año esta condesa andaba especialmente receptiva pero fue una delicia de velada. Los protagonistas... pues "solamente" Schubert y Beethoven, la primera escuela de Viena -aunque algunos digan que el nombre es tramposo y retroactivo-. Y no piensen que las piezas escogidas eran bagatelas... ¡qué va!  Los cuatro impromptus D899 y las tres piezas para piano D946 del austríaco y nada menos que la sonata nº 29, la Hammerklavier, del alemán.

No soy capaz de decirles mucho más. Que durante toda la primera parte se escuchó al Schubert más arrebatado, matizado, sugerente. Pero faltaría a la verdad si dijera que sus "ímpetus" fueron exclusivamente eso, porque sonaron también reflexivos, ensimismados, puro concepto e introspección. Y parecía que los dedos de Sokolov apenas rozaban el teclado y lo difícil, intrincado, falsamente pequeño, se convertía en aparentemente fácil y ligero. Cuando se escucharon las primeras notas del Allegro assai, -el primero de los Drei Klavierstücke- la música se abrió repentinamente hasta adquirir la redondez de sus últimas obras. Compuestas apenas tres meses antes que las tres últimas sonatas que constituyen su testamento vital, estas tres piezas participan también de su complejidad estructural, de su profunda melancolía en ocasiones y, por qué no decirlo, de su definitivo adiós.

En la segunda parte, la magia no solo se mantuvo sino que creció. Escuchar y ver a este pianista interpretar la sonata más larga y una de las más arduas del de Bonn es un homenaje a la vista y el oído. Si antes los dedos apenas parecían rozar el teclado, ahora volaban literalmente sobre él en un alarde increíble de contraste entre el piano y el forte. El auditorio andaba electrizado a pesar de algunas toses por aquí y por allá (algunas reales e irrefrenables que obligaron a sus dueños a abandonar respetuosamente la sala, pero otras eternas, machaconas, puñeteramente graduadas, siempre en el momento más inoportuno como si sus poseedores encontraran un placer perverso y tuvieran un especial tino en fastidiar justamente el pianissimo apenas susurrado) y así se mantuvo durante los 40 minutos que duró la 29. Tras el acorde final, la sala literalmente se vino abajo por los aplausos.

Pero como este metódico, pulcro y sistemático intérprete nos tiene muy mal acostumbrados desde hace algunos años, esperábamos como críos los "bonustrack". Esta temporada, uno menos que el anterior: "solo" siete propinas, siete. Los entendidos dijeron después que había empezado con Rameau para seguir con Scarlatti y Soler, al alimón. Finalmente, un incansable Sokolov dio por terminado esta vez el concierto.  Y hago hincapié en que fue él porque les aseguro que en anteriores ocasiones era el público el que abandonaba la sala, emborrachado literalmente de música.

La semana anterior al concierto que ha ocupado este post tuve también la tremenda suerte de acudir a los dos últimos que daba el Cuarteto de Tokyo en Madrid, como despedida antes de su disolución este verano [las malas y bien informadas lenguas aseguran sin embargo que los cuatro componentes adoran a este viejo y maltrecho país de tal manera que han accedido a dar un tercero a finales de junio y que será el penúltimo absoluto de su carrera; pero ya saben que no son más que malas (o buenas) lenguas]. El día anterior al de don Gregori, una Ute Lempe soberbia me fascinó interpretando Die sieben Todsüden, de Weill y Brecht, junto a la OCNE y Die Singphoniker. Mañana mismo veré a Mitsuko Uchida y la Mahler Chamber Orchestra interpretar a Mozart y Bartok; el miércoles volveré a escuchar 11 de las Sonatas del Rosario de Biber. El viernes acudiré al reclamo de Les Talens Lyriques intepretando Lecciones de tinieblas de Charpentier. Entre medias, dos obras de teatro: El lindo don Diego, de Agustín Moreto y A cielo abierto, con Josep Maria Pou.

Lo sé, lo sé; sé que es difícil tener y disfrutar más. Entre otras cosas porque además vivo en una ciudad donde existe un Auditorio Nacional y un Teatro Nacional de Teatro Clásico y un Teatro Español... Y un Museo del Prado y un Thyssen, un CaixaForum, una Fundación Mapfre, o una Carlos de Amberes o del Canal. Y la mayor parte de lo que en ellas suena, se representa o expone está subvencionado por el Estado o patrocinado por grandes empresas. Les aseguro que sí, que soy consciente del privilegio que todo ello comporta y del lujo que es tener ballet, teatro, zarzuela, ópera, música de jazz, clásica o alternativa, pintura, escultura y arquitectura al alcance de unas cuantas estaciones de metro o paradas de autobús. Y sé que no pocas de las ayudas que reciben todas esas instituciones están respaldadas por diferentes ministerios, lo que quiere decir que los diversos espectáculos los pagan (bueno, pagamos) todos para que lo disfrutemos más bien unos poquitos, por muy baratos que sean los precios. No me olvido tampoco de que, por fortuna, la empresa que me exprimió bien durante más de 30 años me paga un sueldo digno que me permite sufragar abonos, carnés de amigos y entradas varias. Por eso me aprovecho de mi situación privilegiada todo lo que puedo, que uno nunca sabe cuándo le caerá encima el hachazo -de cualquier tipo- y no podrá volver a hacerlo. Como pequeña contrapartida, les traigo luego  una parte diminuta a este blog.



¿Qué, cómo han llevado un post kilométrico de nuevo? ¿A que se les ha hecho largo? Y total para no decir nada... Si es que estaban Vds. muy mal acostumbrados con las bagatelas... Pues para que el agotamiento sea completo y sufran de las correspondientes agujetas en las orejuelas,  les dejo con la espectacular Hammerklavier del sordo, interpretada por uno de los, para mí, grandes, grandes del piano.

Mientras tarda en llegar una nueva tontuna musical, trabajen lo menos posible, indígnense todo lo indignable, procuren no caer enfermos que no está la sanidad pública para muchos trotes y, sobre todo sobre todo, intenten ser todo lo felices que puedan, antes de que a los del COI se les pueda ocurrir montar otra olimpiada en esta piel de toro que anda para pocas bromas.

Buenas noches.




L.v.Beethoven (1770-1827). Sonata nº 29, en Si bemol mayor, op. 106, "Hammerklavier". Solomon, piano. Emi,  1956 y 2005. 


viernes, 8 de marzo de 2013

Bagatelas XVIII: Diacronía musical


Pour Martine,
ma petite sourire





Dejemos que esta vez hable el oráculo del youtube. Aun con algunas imprecisiones y olvidos, este vídeo es un viaje ameno e instructivo a través de la Historia de la música occidental.

Seguro que los datos, notas e imágenes -incluida la final- que de él se desprenden les harán todavía más plácido y deseable el fin de semana que ya asoma las orejas por la esquina contraria a la del lunes.

Disfruten pues de este regalo y recíbanlo tal y como yo lo recibí en su día: con mirada curiosa, divertida y con todo el afecto para quien lo dio a conocer, que andan los tiempos malos y se agradecen las muestras de cariño sinceras y sin venir a cuento.

Entretanto llega una tonta y nueva bagatela, descansen, disfruten y sean felices.