Un regalo de Sergio Astorga

lunes, 28 de abril de 2014

Bagatelas XXXIII: Añoranza indolora







Hoy hace 25 años que moriste. ¡Qué dolor entonces!

Y me sentí estafada. Me parecía tan injusto que precisamente cuando los deberes de padre e hija por fin habían desaparecido y cuando empezábamos a disfrutar tanto el uno del otro me dejara sin ti la puñetera vieja...

Pero el dolor pasó hace ya muchos años. Ocuparon su lugar unos recuerdos algo emborronados -como tu fotografía- y quizá no fieles del todo al suceso original, pero tú sabes muy bien que la memoria es tramposa y selectiva.

Y es lo que me queda de ti, que no es poco. Eso y tu herencia de música. Bueno... y una añoranza suave, que pincha solo de forma muy leve en algunas tardes de concierto.

Tampoco se me ha olvidado que te privaban la geometría y los números imaginarios. Y adorabas esa escena de Fantasía en que una cuerda tímida va marcando a pinceladas la música de Bach, así que creo que te va a encantar esta versión sinestésica del tercer movimiento de "tu" op. 132 de Beethoven.


Un beso muy fuerte, papá.




domingo, 6 de abril de 2014

Bagatelas XXXII: Haikus de primavera









Entre la cebada
sobresalen
las cabezas de los niños

                                         Yuto







                                     Junto al seto
                           las flores blancas del ciruelo
                           tiñen la copa del fresno
                                                                                         Bonchó







                                                                    
                                                           La esposa del barquero canta
                                          mientras rema corriente arriba
                                          y pasa junto a las acacias en flor                                                                                                                               Senna









VV.AA. - Música tradicional japonesa. Interpretada por K. Takeuchi y R. Almazán.

sábado, 8 de marzo de 2014

Variatio pacis III: Toccata y fuga





P.P. Rubens - Angélica y el ermitaño. Óleo sobre lienzo. Kunsthistoriches Museum, Viena



Nueva llamada a capítulo de la jefa:

"Condesa, no pegas palo al agua. Llevas unos cuantos días sin publicar nada en el blog. No es tan difícil. Sólo tienes que escribir algo corto y divertido y acompañarlo de una pieza musical amena"

¡Hala, y se queda tan ancha!

Bueno, revenons à nos moutons, que diría la administradora de la bitácora y que viene a significar algo así como que me centre en lo que estoy haciendo, pero mucho más fino.

Veamos... corto, divertido, popular, ¿religioso quizá..?




No lograba entender qué le había pasado. Y lo cierto además es que no se dio cuenta realmente de lo que ocurría hasta que escuchó a aquella individua gritar desaforadamente y descubrió su mano izquierda (la de él), que parecía haber adquirido vida propia, intentando abarcar aquel seno ebúrneo y mórbido.

Pero era ya inútil hacerse cualquier tipo de pregunta. Su prioridad inmediata pasaba por concentrar todos sus esfuerzos en intentar escapar de aquella masa enorme y vociferante que pugnaba por écharsele encima de manera inminente.





J.S.Bach (1685-1750) Toccata con Fuga en re menor,  BWV 565. Ton Koopman, órgano. Teldec, 2000. (en un órgano Arp Schnitger, construido entre 1688-1693, de la iglesia de San Jacobo, Hamburgo)


Divertido no sé si le resultará, pero de ésta me echa fijo.

Y encima, ya ni siquiera es de Bach.




sábado, 22 de febrero de 2014

Como los hijos de la mar


Para Peter P., que ho estima fins i tot més que jo
però des de fa menys temps.






RETRATO


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.







Hoy hace 75 años que murió Antonio Machado.

Y hoy, más que nunca, vienen a mi cabeza los versos que le dedicó Joan Manuel Serrat.

Y las imágenes del pueblo de Colliure, de su puerto fortificado, sus laúdes balanceándose al sol de septiembre o del cementerio viejo, con la pesada losa de granito de su tumba cubierta de musgo y colores republicanos.

Pero también las del aula pequeña del instituto de Soria en el que dio clase o la cuesta accesible hasta el cementerio de la ciudad en busca de la tumba de Leonor y el olmo seco. Y el paseo hasta San Saturio, donde el Duero crea una de sus curvas más hermosas con álamos y silencio al borde del camino.

Y el corazón se entristece pensando en los últimos meses de quien atravesó la frontera y fue a morir apenas a 10 kilómetros de su país, de un país que tantas veces ejerce de madrastra con los hijos que más se merecerían su respeto, su admiración y su amor.

Machado es algo más que un referente literario o un hombre bueno.

Es mi razón primera para amar la poesía.















viernes, 14 de febrero de 2014

Variatio pacis II: ¿Quién me defenderá de tu belleza?



Chi è quel che per forza a te mi mena,
oilmè, oilmè, oilmè,
legato e stretto, e se non libero e sciolto?
Se tu incateni altrui senza catene,
e senza mane o braccia m'hai raccolto,
chi mi difenderà dal tuo bel volto?

¿Quién es el que forzado a ti me lleva,
ay de mí, ay de mí, ay de mí,
atado y preso, que no libre y suelto?
Si me has encadenado sin cadenas
y sin brazos ni manos me sujetas,
¿quién me defenderá de tu belleza?


Michelangelo Buonarroti , (Rime, 1,7) (*)





El rapto de Ganímedes - Miguel Ángel. Dibujo. Castillo de Windsor 




Miguel Ángel se enamoró de Tommaso Cavalieri. 
Y Tommaso de él. Amor de maestro y aprendiz, 
de la vejez y la juventud, de la fealdad y la belleza.









G.P.da Palestrina (1525/6-1594) - Jubilate Deo. Tavern Consort. Andrew Parrot, director.



(*) Traducción texto: Juan Antonio González Iglesias en ¿Quién me defenderá de tu belleza? - Stendhal. Pre- textos. Colección textos y pretextos. Madrid, 2007

domingo, 2 de febrero de 2014

Bagatelas XXXI: Emborronado ilógico



Para Claudia, que me descubrió a Maillard
 y me inunda, mañana tras mañana,     
de su sonrisa azul                 






Flora en la arena. Paul Klee. 1928. Museo Paul Klee, Berna 



Iniciación

Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada

                                                                          Chantal Maillard
                                                                                              Lógica Borrosa



C. Debussy (1862-1918). La fille aux cheveux de lin (la muchacha de los cabellos de lino). Preludio nº 8 del 1er libro de Preludios. K. Zimerman, piano. Deutsche Grammophon, 1994

martes, 7 de enero de 2014

Bagatelas XXX: Teatro en vena







¡Quién me iba a decir a mí hace un año que la vida iba a cambiarme tanto en tan poco tiempo!

Cuando un 2013 perezoso empezaba a malgastar sus primeros días nosotros acabábamos de salir de una racha francamente mala. Nos conformábamos con poder volver a la rutina, la normalidad... Casi, casi rogábamos con todas nuestras fuerzas aburrirnos..., que todo transcurriese en medio de una agradable monotonía. Sin pedir nada, sin obtener nada a cambio. Tranquilos y olvidados de todos dejarnos ir, sin más. Como cuando te tumbas haciendo el muerto en una piscina de agua caliente y en el mp3 suena música del "viejo peluca".

Pero nunca deja de asombrarme cómo esa señora inconstante y casquivana que es en definitiva la vida ignora nuestros deseos y se empeña en llevarnos la contraria. Enero se inició con los primeros ensayos reales de la obra "Morir o no" de Sergi Belbel y a partir de ahí todo se trastocó definitiva y afortunadamente.

Porque me picó la culebrilla del teatro y cada vez que me subía a un escenario para corregir, repetir, memorizar, recorrer, era consciente de que era muy mala haciéndolo pero también de que era justamente eso lo que había querido hacer casi desde siempre y a lo que, de forma absurda, había renunciado hacía demasiados años porque la vieja señora me había robado la oportunidad pero también por complejos y prejuicios estúpidos.

Descubrí también que teatro era no solo las tablas o un texto. Era sobre todo la fuerza de un grupo, la escucha en escena, la conciencia de equipo en el trabajo y la responsabilidad de sacar un proyecto adelante. También y especialmente, la suerte de tener personas al lado que creían y se esforzaban en ello.

Cuando dos compañeras de clase me hablaron de la Escuela Municipal de Arte Dramático, mi primer impulso fue pensar que no me interesaba, que para qué si no me iban a admitir y si un mes atrás había descartado también la idea de entrar en la RESAD. Después, el "pa qué" fue derivando a "bueeeeno, a pesar de todo... por intentarlo no se pierde nada...". A primeros de julio y sin creérmelo todavía formalizaba mi matrícula en la EMAD.  

Octubre me regaló retroceder cuarenta años en el tiempo. Cartera, uniforme y libros, acudir a clase, compañeros nuevos, normas exigentes de comportamiento y vestuario, carné de estudiante, cartilla de notas... Pero también el miedo a no dar la talla, a que los años y el físico no respondieran. A lo nuevo, al dolor, a la sensación de fracaso, a creer en ocasiones que ya no puedes con ello y que tu decisión llegó con muchos años de retraso y era la equivocada sin remedio.  

Una tendinitis doble en los "pata de ganso" de ambas rodillas como consecuencia de los primeros movimientos de esgrima estuvo a puntito, a puntito de dar al traste con todo a finales de ese mismo mes. Pensé en abandonar, lo confieso. Dolía demasiado. Me sentí desubicada, ridícula, vieja e incapaz de corresponder al apoyo y la acogida que me habían demostrado los jovencísimos miembros de ese nuevo grupo que ya empezaba a caminar decidido y con fuerza. Fueron justamente las palabras de un profesor al que adoro y por el que babeo y el afecto de algunos de mis compañeros los que me hicieron darme algo de tiempo para superar la situación. La cabezonería propia y el fisioterapeuta se encargaron después de inclinar la balanza al otro extremo.

He leído más obras de teatro en tres meses que en tres años intentando analizarlas después con un mínimo criterio. He ido a muchas salas en el mismo período de tiempo -desde las nacionales a las más alternativas- y visto montajes de todo pelaje y condición, porque el teatro se hace vivo única y exclusivamente allí. He dialogado, creado, disentido, ensayado, compartido con mis compañeros o con los de cursos superiores. He seguido día a día sus comentarios sobre los ensayos o sobre sus ideas acerca de proyectos escénicos comunes. Me he puesto a las órdenes de muchachos de 19 años que dirigían su propio texto, intentando defender con uñas y dientes el personaje que para mí habían adaptado. He corrido, saltado, hecho flexiones y abdominales hasta no poder con mi alma. Me he retorcido y sufrido con las calidades de movimiento o ensayando escenas de tragedias griegas. He asistido a montajes en la propia escuela que le dan vueltas a otros sobre tablas de presupuesto público llevados a cabo por profesionales. 

He compartido sudor, virus, trabajos manuales, comida, abrazos, sobos, regalos hechos con cariño, música y versos. He conseguido llegar a redactar pequeños ensayos sobre si hay o no tragedia en las obras contemporáneas. He vocalizado, respirado, mandado el aire hasta el suelo pélvico para intentar que mi voz saliera bien proyectada y estuviera colocada en su sitio de forma natural.
Y me he pegado y me pego con el personaje que defenderé públicamente en febrero porque la maravillosa Juana -de La pechuga de la sardina de Lauro Olmo- se me resiste y no consigo encontrarla ni en parte ni toda. No acierto con su movimiento escénico, ni con el timbre de voz ni con su expresión realista y barriobajera y no logro que resulte creíble. Y yo quiero que, llegado el momento,  Juana brille en escena porque es generosa de carne y afectos, porque pelea día a día la vida y porque se lo merece. Ojalá lo consiga. Se lo debo.

Las vacaciones han servido para descansar, poner en orden casa, trastero y horas de sueño. Pero también para volver a ver a los amigos, bordar a ratos, recuperar exposiciones, películas  y músicas mucho tiempo aplazadas. Me han venido bien pero mentiría como una bellaca si les ocultase que estoy deseando que llegue mañana. 

Durante tres meses he respirado, caminado, madrugado, estudiado, sufrido insomnio, corrido, vivido por y para el teatro. Sin tiempo ni fuerzas para nada más. 
Es agotador pero les aseguro que no lo cambiaría por nada del mundo. Porque sé que todavía soy muy mala actuando y que me queda todo por aprender pero eso ya es un punto de partida. Y quiero empaparme como una esponja de todo lo que me enseñen, formarme, pasar las de Caín, andar todo el día tirada por el suelo haciendo ejercicios de respiración o expresión corporal. Y no hay nada que me apetezca más que empezar a ensayar para los exámenes del trimestre siguiente y notar que mis compañeros están cerca y que formo parte de ellos. A partir de mañana se acabará todo lo que no es teatro y yo quiero que llegue ya el momento de cargar con ropa negra libros, textos ajenos o propios y tomar el metro que me lleve a la Escuela.

Porque es bien cierto que el teatro no puede existir sin la realidad pero les aseguro que mi realidad no tendría ya mucha razón de ser sin el teatro.

Sean todo lo felices que puedan que el año ha empezado con ganas de incordiar y vamos a necesitar tirar mucho de sentimientos positivos.

Pero sobre todo no se olviden, de tanto en tanto, de ser los auténticos protagonistas de su obra.