Un regalo de Sergio Astorga

jueves, 1 de septiembre de 2011

De Creus a Gata

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 Per a tots els meus amics 
que parlen o viuen (o parlen i viuen) en català

Para Dardo, 
en la esperanza de poder verlo este año



Septiembre ha doblado por fin el cabo.

Atrás quedaron definitivamente esos días ásperos y eternos de un verano indefinidamente duro. Dos meses extraños y difíciles como travesía del desierto, cuyas horas pesaban sobre el sudor de habitaciones cerradas y química esperanzadora. Ya está. Pasaron. Olvidados quedan.

Cerca, muy cerca está la perspectiva de las vacaciones y su consiguiente viaje.  Tan próximos ambos que sus preparativos tienen el palacio de la condesa bouleversé; patas arriba, que diría nuestra Anarkasis, traduciendo de forma que nos entendamos todos. Largas jornadas de descanso, asueto, paseos, sol y agua similares a las de otros años. Solo que esta vez somos mucho más conscientes aún del enorme privilegio que representan. Vaya si lo somos...


 Girona. Cap Norfeu en el Cap de Creus. Atardecer. Septiembre 2010 (fotografía de Paz Juan)


Reconocer y reconocerse a lo largo del camino que va de Figueres a la costa, recién abandonada la autopista, como si regresáramos a casa.  Contar una a una las desviaciones a lugares queridos por tanto vivido en ellos como Sant Pere Pescador, L'Escala, Castelló d'Empúries, Vilajuiga, Perelada, Sant Pere de Rodes, Cadaquès; incluso aquéllas que se dirigen a lugares que la mano y la codicia del hombre han transformado de hermosas marismas en absurdos arquitectónicos como Empuriabrava o Santa Margarida. Saludar la ciutadella de Roses camino de las Canyelles grosses, nuestro anclaje fuerte, seguro y poderoso a este Alt Empordà que forma parte de nosotros mismos. 
Por el camino habrá quedado el puerto y el faro y el recién restaurado castell de la Trinitat (al que debemos visita como promesa de buen grado a Fra Miquel) y las Canyelles petites, en la hondonada del camino que se retuerce hasta la Almadrava. Y allí, justamente allí, nos espera la recuperación física, mental y emocional que necesitamos. En esa ventana abierta al golfo de Roses, en ese regalo que se hace realidad cada mes de septiembre.

No habrá las mismas actividades que otros años, pero serán mucho más importantes y entrañables. No tomaremos el camino de la Montjoi al atardecer para ver cómo la luz oblicua vuelve dorado el cap Norfeu y cenar en un restaurante que a lo largo de 15 años nos ha dado cada temporada diferentes y múltiples sorpresas y el placer de compartirlas y saborearlas despacio. Se acabó el Bulli sí,  pero no nuestra visita anual. Volveremos a subir, posiblemente con el sol bien alto y de mañana, para saludar a quienes fueron su espíritu y su alma. Y regresaremos con la sal de la cala tapizando los poros y el abrazo de Luis, Lluis, Pol, Oriol, Ferrán y Juli. Porque ellos continúan allí y porque las ganas de verlos y charlar y de que nos cuenten novedades y futuros proyectos continúan siendo las mismas.

Tampoco ascenderemos a la cima hermosa del románico de Sant Pere que se descuelga a pico mirando a Port de la Selva. Pero la contrapartida me importa y me apetece mucho más. Alguien me espera en Cadaquès y podremos por fin darnos un beso y un abrazo y disfrutar de las risas por calles blancas, empinadas, estrechas y limpias. Y su cello y su familia y su historia dibujarán todos y cada uno de los espacios de su enclave escondido y bello, añadiendo después pinceladas pétreas de pintor ampurdanés.

La pequeña cala de la Almadrava será de nuevo objeto, testigo o víctima  de pisadas, charlas, risa o buceo en busca de posidonias o cangrejos (ni se imaginan lo temible que puede llegar a ser la condesa bien pertrechada de aletas, tubo y gafas).
Y las tardes se volverán apacibles con horas calladas de bordado francés bajo los pinos,  levantando de tanto en tanto la vista del bastidor para ver pasar los barcos que regresan, mientras se deshace perezosamente la música de Ravel o Biber.

Ya de bajada, la promesa de una paella a cuatro en la Barceloneta y de un café a tres quizá en las Ramblas. ¡Qué bien sabrá desmenuzar las horas en encuentros blogueros de a poquitos y sorberlas a cucharadas leves y serenas!
Y para terminar, parada en el pueblo natal de Fasolt. Claro... no podíamos pasarlo por alto como en otras ocasiones, que al servicio hay que tenerlo contento de tanto en tanto y además es en cierto modo obligatorio puesto que son familia de Fermí. La visita a un edificio de Puig i Cadafalch que hizo aún más famosas las bodegas Codorniù  y una degustación de cavas pondrá punto final a la estancia catalana. 

Un paréntesis médico de 15 días en un Madrid seguramente agobiado de gente, prisas, atascos y neurosis...


 Madrid. Puerta del Sol. Mediodía. Agosto, 2011 (fotografía Paz Juan)


Y de nuevo, en camino.
Esta vez hacia del sur, en busca del otro cabo al este de la piel de toro.

La condesa que esto les escribe no está tan viajada como quisiera y no ha podido dar el pequeño salto a la desnudez del mediterráneo africano, pero seguramente la costa almeriense se le parece mucho.
El contraste feroz entre el amarillo terroso y reseco o el gris oscuro y poroso del desierto total con el añil profundísimo del mar de Alborán y el agua que rodea el cabo de Gata marca sin remedio la primera vez que uno lo contempla. Fuera de temporada solo hay silencio, sal, sequía y agua.


Almería. Cabo de Gata. Mañana. Octubre 2010 (fotografía: Paz Juan)


Si no lo conocen, no dejen de caminar 20 minutos para sumergirse en los blanquísimos cantos rodados de la playa de los Muertos, con un agua de color turquesa tan límpido que da pena acercarse a la orilla y provocar ondas. Y prueben a acercarse San José o las Negras, preferiblemente al mediodía. Coman en un chiringuito que hay en la isleta del Moro mientras les llega el olor a yodo pegado a las rocas de la cala vecina, en tanto los pescaítos o los salmonetes dan todavía coletazos sobre el plato.
Acérquense por la tarde a esa fantástica rada que es la playa de los Genoveses, refugio de piratas o dejen que las crestas de piedra de la playa de los Mónsules les resguarden de los últimos rayos oblicuos de sol. Si pueden hacerlo sin ropa, mejor que mejor, que esa zona nunca fue mojigata y cada cual se comporta al respecto a su libre albedrío y no hay nada como bañarse en agua calma y clara sin ataduras textiles que medien entre la suavidad y el frescor del mar y sus cuerpos.

El resto de los días dedíquenlos perezosamente a volar la cometa en las desiertas y recuperadas ya de la locura masificada del verano, playas de Vera o Mojácar. Caminen kilómetros y kilómetros sin que les perturbe el ruído o los veraneantes que no tienen la suerte de poder serlo fuera de temporada. Viajen si les apetece a conocer el teatro romano de Cartagena o la Alcazaba de Almería, pero no dejen de acercarse al puertecillo de Garrucha y ver cómo desembarcan el pescado recién capturado. Si después, a la noche, tienen ocasión de probar gallos de San Pedro o gambas, salmonetes o chipirones, el placer será redondo.

Permitan pues que los primeros días de otoño, mucho más amables que los de su estación predecesora, les mimen y olvídense de todo lo que no sea amarillo y añil, desierto y mar. El Cabo de Gata, sus salinas, sus flamencos, su arena finísima y blanca sabrán recompensarles de trabajos ingratos o ausencia de ellos, de inviernos oscuros y lluviosos, de larguísimas horas perdidas en las salas de espera de los hospitales.
Ni se lo piensen dos veces, tírense de cabeza, sumérjanse y chapoteen, que el mediterrano fuera de época sabe ser agradecido y les agasajará con todos los tesoros escondidos de que sea capaz.

Si después toca volver a la dura batalla, a los Libra y Escorpio y Sagitario trastocados en Cáncer, al menos tendrán Vds. las baterías del alma y el cerebro bien recargadas. Y la piel, ese órgano que guarda memoria de lo bueno y de lo malo, conservará intacto el recuerdo de un sol que no quema y un agua acogedora hasta que de nuevo, al año siguiente, comience otra vez el ciclo.

No creo que me dé tiempo a contestar sus comentarios. La mar me está llamando con urgencia.
Como compensación y para ilustrar esta larguísima y mediterránea entrada, les dejo con una pieza que viene como anillo al dedo. Disfruten de la delicadeza debussyniana de cristal siempre a punto de romperse. Zambúllanse despacito en esta entrada para poder salir de ella sin ahogarse. Recuperen el pulso a su localidad, sus amigos, su trabajo. Y como seguramente la pereza y las obligaciones vacacionales no le permitirán a esta condesa castigarles con nuevos posts, despídanse de ella, bloguísticamente hablando, hasta mediados de octubre.

Mientras tanto, arrostren como puedan el regreso a su  pequeña o gran urbe, que yo he estado esperando sin rechistar a que volviesen. Y ni se les ocurra tener síndrome postvacacional, que ya saben que es un invento de los psiquiatras a fin de pagarse la reforma del cuarto de baño o la cocina y no es plan de contribuir a subvencionarles el alicatado.

Y, por supuesto, sean felices y derrochen todo lo bueno que puedan atrapar repartiéndolo también generosamente.

¡Hasta la vuelta..! No se me vayan muy lejos.


C.Debussy (1862-1918). La mer. Trois esquisses symphoniques. (El mar. Tres  bocetos sinfónicos). I De l'aube à midi sur la mer. Très lent (Del alba a mediodía sobre el mar. Muy lento). II Jeux de vagues. Allegro (Juegos de olas. Allegro). III Dialogue du vent et de la mer. Animé et tumultueux (Diálogo del viento y del mar. Vivo y tumultuoso). Philharmonia Orchestra. Michael Tilson Thomas, director. Sony, 1984.




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lunes, 15 de agosto de 2011

La magia de lo primitivo y lo pequeño

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Nuno Gonçalves - Martirio de San Vicente (detalle). ca. 1470. Óleo sobre tabla de roble. Museu Nacional de Arte Antiga. Lisboa. INV.: 1549 PINT (foto: Paz Juan).


La ciudad tiene el andén mojado y remolón cuando llego a primera hora de la mañana. Acaba de llover. Es un martes apacible y fresco del apenas estrenado agosto.

El parque cercano a la estación, a la que da nombre, me sorprende con su fuente por fin restaurada y libre de maderamen y andamios y yo sorprendo a sus pavos reales todavía dormitando en las ramas más altas de los árboles. Sigue siendo ese rincón agradable por el que se puede caminar con calma, a salvo de los automóviles y el ruido del cercano y ruidoso Paseo. Hay camelias blancas, abiertas y cuajadas de gotas. El estanque conserva el encanto de siempre.

Atravieso hacia el centro oyendo el ruido de los cierres que se levantan, a compás, según voy pasando. Hay anuncios de exposiciones de Marino Marini y Henry Moore con horarios algo estrambóticos. Compro unas tijeras de costura en una tienda llena de navajas suizas y modernos cuchillos de cerámica. Suena la campana de una iglesia.

La plaza mayor se abre luminosa, roja y recién lavada, con trajín de gente que la atraviesa sin prisa y un par de turistas ejerciendo su oficio, cámara y plano en ristre. Me paro a tomar café en uno de los bares y el viejo conde me guiña el ojo desde su pedestal. Hay algún comercio nuevo (o así me lo parece, que la sombra gallega es alargada) al que cedió su sitio alguno que no pudo con el embate de la crisis, pero me alegra ver que la ferretería resiste. Se está bien.

Camino de mi objetivo, me pierdo por los soportales apenas el tiempo imprescindible para comprobar que si antes se los comían las obras, ahora lo hacen los coches con una insistencia digna de elogio. Casi prefería ir saltando entre martilos neumáticos y adoquines sueltos.

Y tras el palacio cuna del monarca de todas las Españas, el que acoge muestras y eventos temporales que merecerían mayor publicidad y visita. Todavía no han abierto, así que me dedico a contemplar las fachadas renacentistas. La restaurada hace dos años está limpia y dorada (o al menos así me lo parece ahora, transcurridas casi dos semanas de la sensación de piedra). Soberbia, como una escultura orgullosa y compleja; impertérrita y condescendiente a un tiempo. Me siento a gusto contemplando ahora la fachada lateral, la del museo. A sus pies, la esquina vacía, el silencio, la calma. Siento que el mundo vuelve a funcionar como debiera.


Taller de Brujas (entorno de Gerard David) - El encuentro de San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada (detalle). ca. 1495. Óleo sobre tabla de roble. Retablo del altar mayor de la catedral de Évora. Museu de Évora. INV.ME. 1502 (foto: Paz Juan).



Tengo mucho interés en ver la exposición de primitivos portugueses por varias razones. Una, porque es un período artístico al que he dedicado mucho tiempo (en lo que a España respecta) a lo largo de mi vida. Otra, porque tengo muchas ganas de saber si nuestros vecinos de península sufrieron las mismas influencias estilísticas que nosotros y en qué medida y cómo. Y tercera, porque no sé Vds., mis queridos lectoyentes, pero yo me he pasado varios años de bachillerato, cinco de carrera, dos de doctorado y cuarenta de conciertos, sin haber estudiado una palabra, visto una imagen o escuchado una nota de arte portugués, a excepción de la torre y el monasterio de Belem, el castillo da Penha, en Sintra o los fados melancólicos de Alfama. Lo poco que sé lo he descubierto in situ. Y sí, sé que no tengo perdón pues he estado tres veces en Lisboa, pero nunca he podido visitar el Museu Nacional de Arte Antiga. Y eso que guarda el que para mí es el cuadro más espléndido y soberbio de El Bosco y ya conocen bien lo que significa para mí don Jeroen.
Se me olvidaba. Hay una cuarta y no por ello menos importante razón, y es que se puede fotografiar dentro de las salas con total libertad, siempre que se respete la norma de no usar flash ni trípode.

Y atravesando el patio, el encanto empieza. No ocurre, por supuesto con todos, pero cuando se pueden atrapar cincuenta cuadros en seis salas bajo la mirada de un objetivo que nada perdona, se descubre un mundo paralelo en el detalle.

Huelga decir que ya solo el poder contemplar el San Juan en Patmos o El abrazo en la Puerta Dorada hacen que merezca la pena el viaje. Pero yo no quiero hablarles hoy de influencias flamencas, italianas o españolas. Ni de cómo la era de los Descubrimentos dio origen, en buena medida, al desarrollo de una pintura lusa de excelsa factura. Ni siquiera a través de las imágenes que les traigo podrán hacerse una idea clara de los cuadros expuestos. No quiero que vean, ni pretendo, lo que podrían ver por Vds. mismos, sino compartir hoy lo que esta mañana la lente me devuelve ampliado.

Y es que por detrás de ese mundo fabricado de héroes, santos, vírgenes o personajes principales, a su lado o por encima, en los instrumentos de que se sirven o los ropajes que visten habita otro mundo menudo y vivo. Por un momento hagan el esfuerzo de pensar que no hay Virgen ni Niño, ni circuncisiones en el templo o santos asaeteados. Que los malos no se desesperan por la tortura del fuego divino o que los personajes insignes de la ciudad no aparecen junto a la divinidad, a mayor gloria propia. Las imágenes que el teleobjetivo les mostrará serán nuevas, diferentes. Más hermosas.

Crucen pues la barrera del cuadro y disfruten con la sonrisa de un niño que ocupa toda la pantalla, con los barcos o barquichuelas que ahora han adquirido dimensiones de protagonista. Paséense por los paisajes que decoran y rellenan los cuadros. Fijen su mirada en los pliegues bordados de un vestido, en el broche o la corona de un rey mago, en las manos de una mujer que protege a su hijo.  Descubran el relieve de los rayos o los nimbos divinos, la factura repetitiva y sobria de una torre de oro, las monedas o las palomas ofrendadas sobre un altar, la copa que contiene la mirra.

Cuando los personajes que pasean por esas ciudades imaginadas e imaginarias les salgan al encuentro a caballo o paseando, en el momento en que casi sean capaces de oir el cacareo de las gallinas que picotean en la esquina menor y escondida de un cuadro o justo en el instante en que los peces saltan del agua para escuchar las palabras del buen San Antonio, sabrán que están al otro lado del espejo. Que ese primor que el artista puso en su obra les llega por entero y agrandado. Ni se les pase por la cabeza resistirse a su efecto. Déjense llevar y naveguen por la perfección de lo minúsculo o lo secundario.

No se extrañen pues de que salga tan relajada y feliz de la exposición. Sin saberlo, acabo de descubrir una vez más (permítanme el falso oxímoron) que el verdadero gozo muchas veces está en los detalles, en esos pequeños arbustos y plantas que los árboles del bosque frondoso apenas nos dejan nunca ver.

Por eso la ciudad me regala, a partir de entonces, otra mirada. Y al volver a la plaza mayor me siento, esta vez sí, tranquilamente a disfrutar del sol y la temperatura de primavera. Y me doy el gustazo de dejar ir la vista hacia toda la gente que pasa, ahora ya en mayor número, camino de casa o del trabajo. Y de charlar despacio y amablemente con quien me acaba de vender un cupón para un sorteo extraordinario. Sin prisas, mientras el zumo de tomate se impregna del sabor de la pimienta, la sal y el zumo de limón y el reloj da perezoso las dos de la tarde. 

En ocasiones, deberíamos recordar que lo pequeño puede conducirnos a la magia insospechada de un día perfecto.

Sean pues, mientras puedan, felices con lo pequeño y lo nimio antes de que "el Santo Padre" (sensu lato)  o la SGAE (sensu stricto)  vengan para hacerles pagar por ello.

Buenas, calurosas y somnolientas tardes.



Josquín Desprez (c.1440-1521). Pater Noster/Ave María. Música  de la Capilla Sixtina. Taverner Consort. Andrew Parrot, director. Emi, 1987. Ed. del Prado, 1993.
Exposición Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa (1450-1550). Museo Nacional de Escultura. Valladolid, 2011. (fotos: Paz Juan)



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viernes, 5 de agosto de 2011

Cuatro son cuatro. Cumpleaños con variaciones

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Caray, ¿cuatro añitos ya?...
Nein, nein...

¡¡¡¡¡¡YA CUATRO AÑAZOS!!!!!!

Y además vienen con sorpresa. 

Las Variaciones están de cumpleaños. Y pasito a pasito la criatura ya casi es mayor de edad.  Y aquí siguen Freia, Fasolt, Fafner (que se gana bien poco el sueldo, todo hay que decirlo) y la condesa casquivana y frivolona. Sí, la misma que todos los años amenaza un par de veces con dejarlo y luego nada de nada, que siempre vuelve. Aunque esta vez hay que decir en su honor que desde octubre no ha vuelto a tener una espantá a lo Curro Romero. Vayan Vds. a saber si es que se está haciendo mayor y le están entrando la cordura y la sensatez o se ha hecho de José Tomás. 

Y desde el punto de vista bloguero ha sido un año lleno de muy pero que muy buenos acontecimientos. Buenos y muchos. ¿Y qué mejor forma de resumirlos que a través de las personas que los han propiciado, auspiciado, motivado, dado forma, hecho posible? Ya les adelanto que con motivo de estas celebraciones la condesa se pone especialmente tonta por haber tenido el privilegio de poder ver, besar, hablar con, abrazar, oler (sí señores, que a la condesa le gusta mucho oler a los humanos y su olfato rara vez la engaña) a personas a las que antes había conocido en este mundillo de la blogocosa. Empieza pues el balance y el recuento de lujo.

En primer lugar, aquellos a quienes he conocido físicamente a lo largo de este año:
Gracias especiales, especialísimas a un excelente pianista de Valladolid y mejor persona, por el regalo de su música y de su abrazo. A una profesora de la Universidad alemana de Gießen  por la dádiva de su palabra culta y amplia y de su confidencia y complicidad. Y a una pareja nada alucinada por compartir afecto, charla, excelentes manteles y la recuperación sosegada a pie de una ciudad hermosa como ella sola, a la que pienso volver cuantas veces pueda. También, gracias sentiítas y jondas a quien me recibió con la sonrisa en los labios y un presente artesano, azul y cálido, que ha estado conmigo en buenas y malas y de cuya maestría espero beneficiarme dentro de poco. Y a un profesor almeriense, mitad berlinés mitad de Barcelona (que además  ejerce de costilla), por su trato afable y su verbo cálido, directo y por su bitácora de aprender tanto.  Y nos vamos al sur para agradecer a una espléndida compositora por sus ojos hermosos, abiertos, su abrazo entrañable, su soberbia obra. Y de la misma tierra, a mi gaditana favorita y querida (aunque no es la única de por allí que adoro) y a su compañero, amigo, amor, porque en dos días sentí que los conocía de toda la vida; por compartir encuentro con amigos comunes (por cierto, también blogueros), por la alegría de la comparsa, la belleza de su historia particular, la risa del bautizo de vino y la sonrisa en el corazón que definitivamente me enamoró de ellos. Por último, mis gracias especiales a quien conocí virtualmente hace relativamente poco y con quien comulgué desde el primer momento. Alguien que sabe infinitamente más que yo de música, de cómo vivirla y hacer de ella proyectos y realidades espléndidos; con quien he compartido incluso conciertos sin saber que las dos estábamos allí y gracias a quien asistí a uno de los espectáculos operísticos que más me ha marcado, en el mejor sentido del término. María es tímida (tanto que su perfil no es visible),  pero tan importante...

Y con un nuevo año de blog, la esperanza bien cercana de poder conocer dentro de muy, muy poquito a mi querida Nameit, con el añadido de poder verla además en su pueblo natal, Cadaquès, del que nunca se aleja ni demasiados kilómetros ni demasiado tiempo. Porque tendré la suerte de que me enseñe una Costa Brava que todavía no conozco y de cuyo cello y del de su hija espero oír ese Cant del Ocells prometido hace un año. Y la casi certeza de ver también por primera vez a Fra Miquel, botánico paciente y sabio y también músico. Y también la probabilidad (esta vez si, MegaMaga) de volver a abrazar a mi Gemma querida y después quitarnos una a la otra la palabra para compartir música, confidencias, sueños (puede que hasta alguna paella) y futuras horas danzantes. Y, ¿por qué no? puede que quizá tenga la suerte de poder darle un abrazo a mi abarrotero favorito, ahora que las distancias se acortarán tanto. Quizá hasta la Providencia sea generosa conmigo y me permita conocer este año a mi añorado Dardo, que se prodiga tan poco pero al que nunca olvido.

Pero no solo ellos. También a los que forman parte de mi mundo más real y ya también cotidiano. A Javier y Antonio, (sí, esos que no existen) porque son capítulo aparte, los conozco desde hace más de 30 años y los quiero más allá de lo razonable. A Martine, por su fidelidad, su generosidad, porque sé que siempre está ahí cerquita y porque su amistad recuperada fue un efecto colateral hermoso, hermosísimo en medio de la sordidez de la mentira. A mis amigos de Madrid, con los que comparto manifestaciones, concentraciones, charlas, comida, aperitivo o café con una cierta regularidad y por estar cerca en momentos personales  especialmente difíciles: gracias, Rafa y Lola, Txema, Carmen y mi Aída guapa,  por ser espléndidas y frecuentes realidades. A mi querido Nano, con quien me une un pasado infantil (el mío), adolescente (el suyo) mediterráneo y porque es una bellísima persona y me ha enriquecido en muchísimos aspectos. Gracias también a Peter P.  por compartir esperanza, solidaridad, 15M, tiempo tranquilo, partidas de Trivial, muchas risas e incluso una ópera difícil hasta para los muy acostumbrados. Y porque hace de las confidencias algo mucho más fácil de lo que pareceria en principio. Gracias también a mi querida Anarkasis, por los soberbios Manhattans, el más soberbio aún cava, horas de ánimo en forma de palabras que generaban siempre sonrisas o risa abierta y, por supuesto, ínfulas. Y en un rinconcito del País Vasco, a mi querido Charles de Batz y a su queridísima familia por todo el bien que nos hace su compañía al borde de una de las ciudades más hermosas y más queridas que tengo.

Seguramente me he dejado a alguien en el tintero así que pido disculpas por ello. Solo he citado a los que he visto (o espero ver) en el último año, ya fuera por primera o por frecuente vez. Lo que sí que quiero remarcar es que desde que hace cuatro años y de la mano de Bolche empecé está andadura de la que creí me cansaría en poco tiempo, mi vida personal se ha visto enriquecida en muchos aspectos. He aprendido muchas cosas y bien. Pero, sobre todo, he vivido más y mejor desde entonces y aunque, en ocasiones, haya pensado que todo este mundillo tenía mucho de falso y aparente, cuando han venido mal dadas, la gente que andaba paseando por estos salones virtuales me ha demostrado todo lo contrario. Y el afecto que se va forjando poco a poco está hecho a prueba de contrariedades. ¿Desengaños? Sí, alguno ha habido. Un par de personas a las que llegué a considerar muy amigas y en las que había depositado  esperanzas de amistad firme y que en estos últimos meses me han decepcionado profundamente. O quizá fue que por mi forma de ser o por falsas y malintencionadas habladurías no supe retener gustosamente. Quién sabe las razones reales. Pero eso forma parte de cualquier manifestación personal y la blogosfera es un mundo tan real como otros y que confirma la norma. En ningún caso me harán desistir de seguir por donde voy aunque su ausencia me dé punzadas de tanto en tanto.

En todo caso, por todos y cada uno de los visitan este blog y dejan el saludo, el comentario, el ánimo, aquí dejo esta canción. Sencilla y llanamente porque me identifico con ella.

J.M.Serrat (1945) Las malas compañías. En el álbum En tránsito. Ariola, 1986



Y bueno, después del rollamen, por fin la sorpresa.

Este año y para celebrar todo lo alto la puesta de largo de las Variaciones, qué mejor que un regalo. A la condesa esta vez le apetecía muchísimo corresponder a la fidelidad de todos sus lectoyentes. Y nada sirve mejor al efecto que algo que une. ¿Qué les parece un disco de las Variaciones Goldberg? Me comprometo a ello con cada uno de mis amigos o conocidos blogueros que se apunten y quieran. Y no me sean remisos o remilgados en aceptar, que los presentes son para las ocasiones especiales... Estoy segura de que no me van a hacer ese feo. 
Por supuesto, para no invadir intimidades y puesto que para hacérselo llegar necesitaré su dirección postal, el que no quiera disco no tiene más que decírmelo. Para que además sea algo personalizado, Vds. podrán elegir  la versión que deseen de entre de las siguientes:
Piano o clave: Arrau, Barenboim (Teldec y Elatus) Becker, Bonizzoni, Chung, Crossland, Dershavina, Frisch, Gilbert, Gould (1951, 1959-en Salzburgo en directo- y 1981). Hantaï, Hewitt, Jarrett, Kempf, Kirkpatrick, Landoswska, Leonhardt, Neuman, Nikolayeva, Ohlsson, Perahia, Pescia, Pi-hsien, Pinnock, Rosen, Ross, Rousset, Schiff, Staier, Steuerman, Tureck. 
Trio o quinteto de cuerda y continuo: Sitkovetsky, Caussé y Maisky; Weinmeister, Dähler y Grossenbacher; Les violons du Roi.
Quinteto de viento: Canadian Brass.
Jazz: Jacques Loussier-Trío.
Difícil de clasificar: Uri Caine Ensemble.
Hasta donde yo sé, mi admirado Gautier Capuçon todavía no ha grabado la excelente versión a dúo violín/cello que tan bien sabe interpretar en concierto. Si alguno de Vds. sabe de esta grabación, le ruego que me lo comunique.

A cambio, solo tienen que contestar a una pregunta y dejar su dirección de correo electrónico para que me ponga en contacto con Vds. Incluso, si no desean que ésta se haga pública, pueden hacerlo individualmente a mi cuenta de correo electrónico que figura en el perfil de este blog. ¡Ah! y por supuesto, indíquenme en abierto o en privado qué versión les apetece más tener. Sus deseos serán órdenes para mí.
Ni que decir tiene que pueden contestar con 2 líneas o con 40. No hay límite máximo ni mínimo de palabras. Simplemente expongan y respondan lo que el cuerpo les pida, que se trata de algo muy importante y no es cuestión de poner normas.

... ¡Condesa, abrevie que lo está haciendo Vd. demasiado largo, como siempre! La pregunta..., vamos...


Ah, sí, Freia querida... es que últimamente me disperso un poco...

¿Qué significa para Vd. la música?
 (Ahí es nada la preguntita de marras).

Creo que es una forma hermosa de celebrar el cumpleaños y, de paso, sabré algo más de todos Vds. Con una pregunta de este tipo, se aprende mucho de quien contesta.

Y bueno, ya queda todo dicho. Eso sí, sepan que les guardo un trocito de tarta y una copita de vino dulce, de cava o de champagne, que no vamos a andar racaneando. Para los abstemios, leche merengada con una corteza de limón o un batido de chocolate, vainilla o fresa.

Y sean Vds. tan felices como yo me siento especialmente hoy por haberlos conocido, por tener el proyecto de conocerlos y porque sencillamente están ahí, al otro lado de este salón virtual.

Un abrazo y muchos besos, de esos sonoros que da la gente que bien quiere, para todos mis lectoyentes. Aquí los espero con la música de la que probablemente sea la más heterodoxa de todas las versiones citadas anteriormente. Apenas unas pocas variaciones para que no se me tiren de los pelos. Y no piensen que se les ha estropeado el reproductor del ordenador. Es así, se lo aseguro.


Uri Caine Ensemble: Aria and 70 Variations for various ensembles, adapted, arranged and composed by Uri Caine after Johann Sebastian Bach. Winter & Winter y WDR, 2000 (extractos)





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domingo, 31 de julio de 2011

I+D a ciencia cierta

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Salvador Dalí (1904-1989). Muchacha en la ventana, 1925. Óleo sobre cartón piedra. 105 x 74,5 cms. ©MNCARS, Madrid




Quién sabe qué fue lo que los llevó a alejarse sin querer ni siquiera explicar sus motivos. Esperó a sabiendas de que no volverían. Se imaginó o supuso razones, argumentos, porqués... pero jamás llegó a saberlo con certeza. Quizá era mejor ignorar después de todo. 


Como contrapartida, ellos nunca supieron del infinito hueco que dejaron.



C.W.Gluck (1714-1787). Orpheus und Eurydike. Acto III, aria 43: "Ach, ich habe sie verloren".  D.Fischer-Dieskau, Orpheus. Radio-Symphonie-Orchester Berlín.  Ferenc Fricsay, director. ©Deutsche Grammophon, septiembre 1956.


Ach, ich habe sie verloren,
all mein Glück ist nun dahin!
Wär, o wär ich nie geboren,
weh, dass ich auf Erden bin!

Eurydike, gib Antwort
o vernimm mich!
O hör'meine Stimme,
die dich ruft zurück!

Ach, vergebens!
Ruh und Hoffnung,
Trost des Lebens
ist nun nirgends
mehr für mich! 


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lunes, 11 de julio de 2011

Julio

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Kilómetros y kilómetros urbanos siempre a la misma hora y hacia el mismo edificio blanquiverde o rojo. Minutos u horas de espera distorsionadamente largos. Gritos sin aire incapaces de subir por la garganta para ser y derramarse liberando. Células deformes y burlonas, danzantes de una estúpida melodía amenazadora, siempre sucia y cierta.





E.Munch (1863-1944). Skrik (El Grito). 1893. Galería Nacional de Noruega, Oslo.





                     Sonidos de cloroformo, colores de andante o presto, aromas de pijama y zuecos de goma verdes.




                           Y la angustia acuciante que no cesa.

                                                
                                  
                                             

                                               Y la esperanza que resiste a trancas y barrancas.





Es el mes de las cosechas y las fiestas marineras. Y la canícula abrasadora y el miedo agazapado.

   
                 Estamos en julio,  bajo el signo despiadado de Cáncer.




M.Vainberg (1919-1996). Sonata para cello solo nº 2, op. 86 (compuesta entre 1964-1965). IV Presto. Yosif Feigelson, cello. © Yosif Feigelson y Olympia, 1998.


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domingo, 26 de junio de 2011

Dos años ya sin él

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Far de la Vieille - Pointe du Raz - Finisterre - Bretaña. © Paz Juan, 2010



"Cuando mueras yo te lloraré de veras. Yo me acercaré hasta tu rostro transfigurado para besarte con desesperación los labios en un último esfuerzo, lleno de presunción y de fe, para devolverte al mundo que te habrá relegado. Yo me sentiré herido en mi propia vida, y consideraré mi historia partida en dos por ese momento tuyo definitivo. Yo cerraré tus reacios y sorprendidos ojos con mano amiga, y velaré tu cadáver emblanquecido y mutante durante toda la noche y la inútil aurora que no te habrá conocido. Yo retiraré tu almohada, yo tus sábanas humedecidas. Yo, incapaz de concebir la existencia sin tu presencia diaria, querré seguir sin dilación tus pasos al contemplarte exánime. Yo iré a visitar tu tumba, y te hablaré sin testigos en lo alto del cementerio tras haber ascendido por la pendiente y haberte mirado con amor y fatiga a través de la piedra inscrita. Yo veré anticipada en la tuya mi propia muerte, yo veré mi retrato y entonces, al reconocerme en tus facciones rígidas, dejaré de creer en la autenticidad de tu expiración por dar ésta cuerpo y verosimilitud a la mía. Pues nadie está capacitado para imaginar la muerte propia  "
                                                                               © Javier Marías - El hombre sentimental 





    Si supieras qué difícil se nos hace tu ausencia...





S.Rajmáninov (1873-1943). La Isla de los Muertos  (poema sinfónico), op. 29. The Philadelphia
Orchestra. Charles Dutoit, director. © Decca y Newt on, 1992 a 1995 y 2010.





[Hoy me gustaría convertir la ventana de comentarios en un muro abierto donde el que quiera pueda escribir lo que necesite o le apetezca sobre Manuel Ortiz. No habrá ninguna respuesta por mi parte pues no soy quién para hacerlo. Era amigo de muchos de nosotros y me agradaría especialmente que este post fuera colectivo, de todos. Vuestros comentarios completarán, mejorarán, darán sentido real a esta entrada.
Un fuerte abrazo.]
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lunes, 20 de junio de 2011

La luz azul y verde de Donosti

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Salimos de Madrid con apenas dos horas de sueño y dos y media de retraso por culpa de una prueba médica de última hora. Una más, impertinente y machacona. Más de dos horas robadas a unas escasas 24. Además, el camino hasta Burgos está animado por obras continuas que hacen que los 250 kms. a un carril y el cansancio acumulado nos desesperen un poco. Otro bocado más al poco tiempo que tenemos. El trayecto hasta Vitoria transcurre con normalidad y pasado algún tiempo, no mucho, la salida de un larguísimo túnel nos regala un letrero: Gipuzkoa y un paisaje radicalmente cambiado. Enormes pinos que rizan lomas y laderas suaves, castaños y robles acompañarán a partir de ahora nuestro recorrido. Es como zambullirse y volver a salir. Se multiplican desde este momento los pasos bajo tierra, los ríos y sus valles. El Deva o el Orio  van descubriendo pueblos no muy grandes pero con algún tipo de industria humeante o blanqueadora siempre. Y regalando siempre también, como contrapartida, caseríos solos, colgados del verde imperturbable y limpio.

Por fin, Donosti. La entrada por Ondarreta hasta la calle San Martín. Y el mismo hostal de tantos otros años que nos dice que estamos aquí de nuevo. Está nublado y el viento se empeña en llevarnos la contraria. Son las tres y media de la tarde.

Y justo desde este instante empiezan a romperse algunas tradiciones sin que podamos evitarlo. Buena parte del paseo de la Concha hasta el Ayuntamiento está cerrado por las dichosas obras del aparcamiento, que durán al menos ya dos años. Pero es igual. El azul que va dejando el aire empujando el agua sigue siendo el mismo: profundo, limpio y nada imperturbable.

M. está cansado pero respeta y acompaña mi rito aunque no pueda compartirlo. Sabe que, cada año, el soplo suave del recuerdo hace que encaminemos los pasos hacia el Vallés, al lado de la catedral, para el homenaje particular en forma de Gilda. Pero en este junio la ausencia de Manuel pesa demasiado, como en los últimos meses, y esta vez no hay banderas blanquiazules colgando de los balcones, exultantes y orgullosas, que nos la hagan más llevadera. Y pesa tanto que, queriéndolo, a propósito, cambio... cambiamos de rumbo y entramos en el Viejo al tiempo de un txirimiri débil. Y eso nos obliga a sacar un paraguas que irremediablemente se da la vuelta para, como el viento,  llevarnos la contraria también él.

Menos mal que el Gandarias nos acoge limpio, cálido y amable, como siempre. Y allí, detrás del Gilda desubicado, la limpieza de sabor de un chipirón solo y sólo vuelta y vuelta, bañado en negro propio, nos reconocilia definitivamente con el día. Una gamba sumergida limpiamente en bechamel suave cierra el menú corto y perfumado de iodo y sal.

El sol abre imperturbable, limpio y profundo cuando bien entradas las cinco deshacemos el trayecto, esta vez camino de la segunda razón fundamental del viaje. Llegamos al Peine de los Vientos aún con la marea baja, apenas iniciada la subida. El azul es aún más fuerte, más limpio, más perturbable por fortuna. No soplan los orificios de piedra pero el viento se deja acariciar por los surcos convexos del acero cortén. Como la niña rubia de la canción... ♫ se lo peina su tía, carabí, con mucha suavidad... con peinecito de oro, carabí  y horquillas de cristal, carabiurí, carabiurá... ♫  

Se está bien, muy bien. El pabellón de baños y el palacio de Miramar se dibujan perfectamente enfrente. A la izquierda, Santa Clara ejerce, como tiene que ser, su oficio de perla y oculta la escultura de Oteiza que, desde el otro lado de la bahía, envidiosa, canta atonalmente mientras mira cómo se deshace el Urumea al contacto del agua abierta.

Enseguida aparecen ellos. Traen las ganas de un abrazo y un beso, como nosotros; de contar proyectos, planes, recuerdos recientes, esperanzas, como nosotros... Y entre las manos de ambos, una firme realidad, tímida, crecida y añorante de arena y ola. Unos cafés o unas tónicas, que tanto monta, y la charla distendida y tranquila acerca de lo acaecido en un año, de lo que queda por hacer, de las ganas de conocer y abrazar a otros blogueros amigos, del deseo pronunciado pero aún solo en ciernes de visitar Madrid en cuanto puedan. Mientras tanto, el grumete se encarga de demostrar que, afortunadamente, a él le aburren ciertas cosas y que Ondarreta lo llama cada vez con más fuerza.

El tiempo transcurre volando y deja caer tres hermosos presentes en forma de libros sobre los "chauffeurs", la ópera francesa y el "ruido eterno" mientras se oye el zumbido de pelotas de tenis, como abejas hinchadas, bailonas y amarillas. La separación deja un abrazo fuerte, alegría por haber podido vernos de nuevo y un poso de "hastaelañoquevieneoquizasantesenMadrid". Nos alejamos de ellos despacito mientras el pirata invita imperioso a que lo descalcen para llenarse de arena y correr hacia ese descubrimiento recién adquirido de las olas azules y blancas.

Nos viene bien el paseo. El aire huele a azul y verde, a recuerdos, añoranzas, realidades, papel impreso y la esperanza de otros amigos por ver a la noche.

De nuevo el rito. El tercero. Vestirse para cenar con ellos. Y la promesa de la sonrisa franca, el cóctel de bienvenida, el abrazo. Y un lazo recién descubierto entre unos amigos y otros.

¡Cómo explicar una cena que tanto nos merecemos y desde hace ya tiempo! Pues sí, nos la hemos ganado a pulso y ¡que se mueran los feos! Para celebrar muchas cosas: aniversario, cumpleaños, esperanzas que se apagan y se encienden intermitentemente. Para compartir que pasamos por ciclos hermosos y otros no tanto. Mientras, el buen hacer de padre e hija a los fogones nos llena de sorpresa, sabores, olor, tacto, vista, rumores de la sala. La noche termina con la risa indisimulada de ambos amigos ante un juguete nuevo de vieja hoja de lata.

De regreso, esa inmesa y translúcida caja de cartón que evoca lo mejor de Moneo, el Kursaal, nos despide todavía luminosa al borde del puente y de la playa de La Zurriola. Nos espera el descanso, el dormir durante más de ocho horas, el silencio.

Al día siguiente, el tiempo está cambiante pero despejado. Ha rolado el viento y hace más calor. Es más húmedo, más salino. Abraza y peina también él.

Desayunamos tarde y nos queda el tiempo justo para un paseo por la bahía. Patinadores, ciclistas, un par de locos que se meten al agua sin la ayuda suave y caliente del neopreno. Hortensias y el verde que tapiza la base de Miramar. El blanco de las barandillas es aún más blanco contra el azul espeso y limpio de una marea que anda a medio camino del descenso. Santa Clara sonríe abiertamente. El Igeldo y el Urgull siguen enzarzados en esa competición absurda de quién tiene las mejores vistas.

Con la última campanada de las doce, como la Cenicienta, tenemos que salir corriendo de ese palacio azul y verde, antes de que la carroza convertida en calabaza nos recuerde que se acabó, que no hay más hasta el año que viene. Deshacer el camino cuesta. Apenas 20 horas y tenemos que regresar a Madrid sin excusas. No queda más remedio.

Comienza a llover




                                         El azul se hace gris

                                                    El verde del camino de vuelta se desdibuja en pardo.




Al llegar a Burgos, de nuevo las obras, el carril único, la velocidad limitada a 80.

Menos mal que nos quedan las imágenes, la música, el calor de ritos y quienes los propician.

                                             
                                                  

                                                    Y el viento que peina al viento.

                                                                   Y la luz verde azulada de Donosti





J.C.de Arriaga (1806-1826). Cuarteto de cuerda nº 3, en mi bemol mayor. II Andantino (Pastorale). Cuarteto Mosaïques. Grabado en el Palacio Real de Madrid, en 2006. L'Oiseau-Lyre, 2006




[Intenté buscar música del donostiarra Usandizaga para ilustrar las fotos que les traigo, pero en casa solo tengo Las Golondrinas y, por más que la escuché, no encontré ningún pedacito que acompañase las imágenes en la forma que yo quería. Les traigo pues las notas de otro vasco, injusta, terrible y parece que definitivamente casi olvidado de todos, al menos en nuestro país. Ha sido el bicentenario de su nacimiento hace apenas cinco años y pasó sin pena ni gloria. Esperemos que el de su muerte, en 2026, sea más celebrado y que estemos todos aquí para contarlo.]

[Últimamente ando bien liada y con poco o casi ningún tiempo para trastear por la blogosfera. Ruego me perdonen todos los lectoyentes si no acudo a sus bitácoras todo lo que me gustaría. Disculpen también mi tardanza en contestarles en ésta.
Tras esta entrada pues, ocurrirá más de lo mismo. Aunque este vez hay un factor añadido que vale la pena. Hace unos segundos que acaba de empezar mi cumpleaños y aunque el número de los que caen no es como para celebrarlo, sí lo es el estar aquí y ahora y estar bien y tener ganas y alegría por contarlo.
Pienso pues hacerle los honores al aniversario convenientemente. Calculen después un par de días, como mínimo, por la resaca y hacia el miércoles o jueves volveré a hacerles todo el caso que se merecen.
Y ahora, con su permiso, me voy a abrir los regalos]


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