Un regalo de Sergio Astorga

miércoles, 2 de mayo de 2012

París: tango

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El amor

Todavía no soy capaz de entender cómo ocurrió. Pasó. Sencillamente. En aquel piso desierto y hermoso de la Avenue Victor Hugo. Ante la provocación procaz de aquella niña pija que me miraba con el descaro y la suficiencia del dinero y los pocos años, reaccioné sin más. Ciegamente, con fiereza. Con la fuerza que da poseer a alguien en vilo, sin artificios o apoyos. Y sin querer saber en absoluto a qué impulso obedecía, volqué en ella  todo el dolor insoportable que arrastraba desde hacía tanto tiempo. 
Supongo que me odió pero las cosas eran así y punto. 

Si tuviera que explicar de forma coherente nuestros encuentros en aquella habitación vacía y en sombras fracasaría. No hay razonamientos que valgan. Violé su intimidad y su cuerpo pero obtuve de ella, sin embargo, su ser más profundo, el más torturado y cierto. En sus grititos de imitación animal, en el descanso de sus muslos trenzados, en su descuidada alegría fui descubriendo y recuperando la vida que atropella, que marca, impulsa, exige.
Me dejé llevar de ella y por ella. Y mis prevenciones, la furia, el desencanto, la sordidez de lo vivido desaparecieron. No había motivos para seguir ocultándose ni ocultando el drama, la frustración,  la angustia, el miedo.
Y le conté. Le conté todo. Mi nombre y el de ese hotel mediocre. Mi trabajo, mis dudas, mi vejez, el suicidio de mi mujer. La culpa.

No me importa en absoluto haberme vuelto vulnerable ante ella. Sé que no me va a hacer daño. Ahora que me conoce y me sabe y me tiene, tengo la certeza total de que me ama.

Y yo daría la vida por ella.


El desamor

 Confieso que al principio me dio miedo. Con aquel aspecto grande y huraño, era la imagen opuesta e imperfecta de ese noviucho petrimetre y cineasta que me  divertía en ocasiones y me irritaba en el fondo. Y en el miedo y el desconocimiento, la atracción irracional, poderosa, urgente, sin paliativos. Y la posesión inmediata y feroz como única puerta de salida en aquel piso destartalado y en penumbra  de la Avenue Victor Hugo.
Me sentía viva, poderosa y profundamente viva. En los abrazos cálidos mientras aullábamos y maullábamos o ladrábamos sobre aquella alfombra voladora acolchada que cubría el suelo de madera opaca. Pero también, en la violencia que le provocaban el mundo y su propia existencia y que solo sabía canalizar en mí, sobre mí, por mí. En su necesidad irrefrenable de agarrarse a lo que estaba vivo, en ese complejo de culpa irremisible y devorador cuyo origen yo desconocía...
Porque fue el desconocimiento de lo que era y lo que representaba, de sus orígenes o su trabajo o sus inquietudes lo que me hizo amarlo con fiereza y ternura absolutas. No sabía ni siquiera su nombre.

Por eso la decepción me golpeó de forma tan brutal el día en que inició el recuento de  su larga retahíla  de fechas, lugares, datos. Al desnudar uno a uno sus secretos rasgó la tela sin remedio.
Cuando comenzó a hablarme de su pasado, su rutina diaria, sus pertenencias físicas o personales, su drama particular, todo se derrumbó y no pude soportarlo.
Se volvió vulgar, conocido, previsible, aburrido, adocenado, corriente. Igual a otros, a tantos otros, a todos los otros. Al contarme toda su desagradable carga vital, vulgar, conocida, previsible, aburrida, adocenada, corriente...
Al decirme su nombre, al arrebatarme de cuajo y sin mi consentimiento la oscuridad, lo desconocido que lo hacía único y amado y la belleza de lo que ocultaba, traicionó mi amor por él. Me traicionó a mí.

No tuve más remedio que dispararle.








[No he vuelto a ver la película desde hace más de 20 años. Es más, creo que solo lo he hecho dos veces y no tengo la menor intención de refrescarla. Me pareció poderosa y frágil a un tiempo, brutal, imperfectamente hermosa y no quiero que el paso del tiempo traicione el recuerdo que guardo de ella. Quiero que permanezca así, plegada en mi memoria como el affiche que conservo de ella. Porque a mí se me olvidan las películas con frecuencia pero ésta no. Ésta sigue presente y bien presente desde entonces. En contra de todo el escándalo y el morbo que generó (¡qué pavisosa e ingenua pero, si me apuran, qué preferible era la sociedad de aquella época!) a mí se me grabó como la historia profunda de dos soledades, con la preciosa fragilidad que la entrega total provoca. La bellísima, abrumadora, vigorosa, delicada,envolvente, embriagadora música de Gato Barbieri creaba el vértice necesario que cerraba el triángulo.
La pulsión de amor y muerte del film de Bertolucci nos atañe profundamente porque, en el fondo y en la forma, refleja el mismo impulso creador y destructivo que todos llevamos dentro.]


Gato Barbieri (1932) - Last Tango in Paris (Último tango en París). Para la película del mismo nombre de Bernardo Bertolucci. MGM y Alberto Grimaldi, 1972.
 1) Last Tango in Paris (B.S.O.)

2) The Last Tango in Paris Suite




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16 comentarios:

alestedemadrid dijo...

Creo que era demasiado joven para entender esta película cuando la vi. Seguramente ahora me gustaría todavía más... Gracias por recordarnosla. Un abrazo fuerte

alucinao dijo...

Estupendo post.
No tenía la música, me llevo -de momento- un par de temas :)

Merci beaucoup Freia

Devaneos de un moderno Peter Pan dijo...

¡Pero qué bien realiza usted el noble arte de escribir! El día que vaya a París me va a saber a poco después de sus notas.
Gros bisous!

Txema dijo...

Querida condesa usted es maestra escribiendo pero la película era un rollo.

Besos

RGAlmazán dijo...

Querida condesa, a pesar de ser usted aristócrata escribe como un ángel. Y eso que dicen que para escribir bien hay que pasar hambre.
La película tan bien descrita es una de las grandes para mí. Bertolucci bordó el tema de la soledad. Una película que he visto en varias ocasiones y en la que veo el reflejo de un mundo cada vez con más gente y cada vez más sola.
Un placer recordar la película y escuchar la música. Pero mucho más placer leer sus post. Una maravilla.
Besos, mi querida condesita,

Salud y República

María dijo...

Confieso que fui una de las que fue a ver esta película a Francia.
Como soy de las que aprendió francés en el instituto y además estudié turismo, me quedé con el cante de la película de principio a fin.
Pues bien, no me gustó entonces, ni luego, ya en castellano.
Solamente la música de Barbieri salvó para mí esa cinta.
La verdad es que soy algo rara para mis gustos cinéfilos. Aparte que Marlon Brando no me gustó jamás. Yo era más de Tony Curtis o Paul Newman.
Sobre gustos...

Estupenda entrada señora condesa.
Un placer.

Isabel Barceló Chico dijo...

Precioso el texto que has escrito, cómo has penetrado en la psicología de los personajes, en sus propios dramas. Dos soledades. No he visto nunca esta película (imagínate qué crimen) y tampoco he sentido nunca el deseo de verla. No soy muy cinéfila, la vedad. Pero quizá por su fama con ribetes escandalosos no me apeteció nunca verla. Me quedo, pues, con tu versión escrita. Un abrazo, querida amiga.

eme jota dijo...

Un exhaustivo análisis de determinadas emociones, más bien pulsiones humanas, que no puedo compartir porque mi naturaleza es demasiado temerosa como para abrirse espontaneamente. La historia del desamor, ohhh, de todos los desamores, viene a ser la misma. Una pena, somos tan banales y estamos tan deseosos de materializar las emociones que soñamos, por imposibles, en la mayoría de las ocasiones.
¡Viva la excepción! Bss.

Antonio Rodriguez dijo...

Solo la vi una vez y no recuerdo que me gustara en demasía. Por supuesto menos que tu entrada.
Besos querida condesa.

Okawango dijo...

Apenas si recuerdo momentos de la película. En su día me perturbó la crudeza de las imágenes, la sordidez de los escenarios, el tono sepia de la fotografía y los monólogos de Brando. Pero creo que ahora, a mi edad sería más fácil entender y casi identificarme a ese ser atormentado y sin nombre. Hermosa entrada, te felicito.

Isabel dijo...

La he visto dos veces, y me gustó mucho, pero no hubiera podido hacer, ni soñando, un relato tan escueto, pero no menos pormenorizado y excelente de los personajes.

Un placer leerla siempre acompañado de la sinuosa Suite.

Acabo de ver, también por segunda vez, "Midnight in Paris". Nada que ver el tema pero sí la ciudad, es una de mis preferidas de Woody Alen.

Seguimos en esta maravillosa ciudad.

Abrazos.

Alejandra Sotelo Faderland dijo...

Que bellos relatos nos has dejado hoy en tu pagina. En cuanto a la pelicula por aqui estuvo prohibida por decadas, de modo que cuando por fin se la pudo ver, supo a decepcion, porque muchas cosas que en su momento fueron lo mas, con 2o y pico años de retraso el vecino mas lelo ya lo venia practicando. Cosas de la dictadura que le dicen.
En cuanto al tango, por favor, agarre la siringa y toque algo, es una musica que me deprime hasta los huesos.

Freia dijo...

Aleste

Querida madrileña, como habrás podido comprobar, aquí hay diversidad de opiniones con relación a la película.
Yo sigo pensando que es una película sobre la profundad soledad y sobre la importancia de desconocer al otro.

Un abrazo.


Alucinao

Esta Vd. en su casa para llevarse lo que quiera... ¡Faltaría plus!

Muakiss tanguistas para mover las caderas.

Peter P.

¡Qué va, qué va! París nunca sabe a poco, mi querido Peter Pan. Y yo creo que Vd. lo sabe bien. Y sabe todavía a mucho más cuando se va bien acompañado, lo que no es baladí precisamente!

Está terminando de cocerse un nuevo post. Confío en su asesoramiento musical y francés.

Un petó ben fort.

Txema

Jajaja, no me lo puedo creer. Una película sobre el amor, bien que un poco especial, y a Vd. no le gustó... Pues yo creo que en el estado amoroso en que Vd. se encuentra NO debiera volver a verla bajo ningún concepto.
Verá, parte de mi negativa a verla viene por no contaminar el recuerdo que tengo de ella pero también porque me da algo de miedo no sea que el tiempo no se haya portado bien con el film. Aunque pienso que es lo suficientemente atemporal.

Un abrazo grande, caballero de Noeraixò.

Freia dijo...

Rafa

Mi buen Rafael, cómo me alegra coincidir con Vd. en temas musicales después de las últimas desavenencias literario-deportistas.
Y le agradezco sus palabras respecto de mi manera de escribir. Que no quepo por la puerta, vamos de las lisonjas de todos Vds.
Yo creo que el tema de la soledad está muy presente en muchas películas de Bertolucci y El último emperador y El cielo protector son buen ejemplo de ello.

Abrazos múltiples a Almazanes y Corrales todos.

María

O sea, que Vd. fue de los que viajó a Perpignan para ver la escena de la mantequilla, ¿ein? Le aseguro que a mí llegaron a contarme que Brando la tenía pequeña... Mein Gott!
Hombre, yo prefiero a Cary Grant, pero el Brando madurito, todavía atractivo y menos endiosado de El último tango sí que me gustó.
Coincido en lo que respecta a la música y también le agradezco sus palabras.

Abrazos dobles y andaluces.

Freia dijo...

Isabel Romana

No me extraña que no haya tenido tiempo de ver cine. Estaba Vd. afanada estudiando nuestros propios orígenes culturales. Y eso es bien importante.

En una sociedad como aquella escandalizaron las actitudes y las escenas menos importantes de la película y ae inventó, se tergiversó, se elucubró. Aquello hizo daño a la película, pero con el paso de los años, supongo que las nue as generaciones la verán de otra manera. Yo creo que es una película dura pero hermosa,

Un abrazo de abubilla,, escritora.

Emejota

Es que quizá el amor nos lleva a interpretar a nuestro modo las señales que nos llegan y a construir nuestra propia imagen del otro, que tiene poco de real.
Por eso, quizá el desamor surge de ese choque entre nuestra imagen y la real.

Un abrazo.

Antonio

Muchísimas gracias por sus palabras. A lo mejor ahora, con más tiempo, quizá le gustase volver a verla,

Un abrazo, Antonio.

Freia dijo...

Okawango

Yo recuerdo como sórdidas solo las escenas del baile del tango en la Coupole y sí, la dureza de algunas escenas (las paredes del baño salpicadas con la sangre de la mujer, por ejemplo).
Me alegra verlo por aquí, señor farero y gracias por sus palabras.

Un abrazo


Isabel

Midnight in París... ¡uhmmmm, yo la tengo prevista para la semana que viene. Pero puede que encuentre Vd. un adelanto en la próxima entrada de las Variaciones.

Sus renglones de elogio, viniendo de la trenzadora de palabras, son un privilegio. Muchísimas gracias.

Alejandra

Una de las muchas inmoralidades de las dictaduras es precisamente tachar algunas cosas de inmorales, bajo la excusa de "proteger" la moralidad, cuando el quid de la película, a mi entender, no estaba en la relación sexual entre ambos, sino en su relación de soledad,amor,desamor, soledad entre ambos.
A mí me gusta mucho el tango y más si está pasado por el tamiz del jazz, pero entiendo que ponérselo como música a una argentina es como darle pistolitas de agua al jefe de la banda,

Un beso, Alejandra,