Un regalo de Sergio Astorga

sábado, 28 de julio de 2012

Britten y Blake: intuir lo trascendente




A Carmen y Miguel, felizmente recuperados hace tres años
y, con ellos, mi propia infancia.










"If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to the man as it is: infinite."
"Si las puertas de la percepción se purificasen, todo se le aparecía al hombre como es: infinito."


William Blake - The marriage of Heaven and Hell


W.Blake(1757-1827) Jacob's Ladder (La escala de Jacob). Acuarela. circa 1800. British Museum.




Sostiene mi querido Miguel desde hace muchos años que todo lo que nos rodea, el entorno natural y social en el que nos movemos es pura contingencia y que tan solo unos pocos llegan a intuir en un momento de su vida que hay algo más allá del mundo en el que estamos inmersos. Y que ese algo más que trasciende, por su propia naturaleza, es inaprensible o inaprehensible pues si llegásemos a verlo con mayor o menor claridad o certeza, perdería irremediablemente y por ese mismo hecho su condición de trascendente.

No vayan Vds. a pensar que quien esto decía y quienes escuchábamos nos habíamos fumado o ingerido algo extraño. La conversación tuvo lugar a tres bandas, un lunes caluroso y tranquilo de hace pocas fechas, en una terracita de la calle Preciados de Madrid y delante de 3 bebidas sin alcohol. Y en buena parte, el punto de partida de la conversación había girado en torno a la exposición que sobre William Blake ofrece CaixaForum de Madrid. De sus acuarelas o temples fuimos pasando, sin solución de continuidad, a sus libros de poemas, especialmente "Matrimonio del cielo y el infierno" y, de ahí, a los muchos puntos de similitud que existían entre las teorías y pensamientos del británico y las que desde hace bastantes años defiende mi amigo querido. La conversación fue derivando de forma plácida a intentar descifrar o intuir cómo podíamos definir (si es que podíamos) lo que era para nosotros el concepto de trascendencia, qué había en ello de poso religioso o no, de cultura heredada y hasta qué punto la relación que mantenemos los tres podía ser fruto de una casualidad y si era contigente o trascendente para cada uno de nosotros.

Llegamos a varias conclusiones interesantes, aunque cada cual aportaba matices diferenciadores. Finalmente estuvimos de acuerdo en que esa intuición no era una creencia religiosa o una necesidad de ella; tampoco una herencia cultural, aunque ambas pueden ser diferentes formas de trascendencia para quien las vive. Era algo distinto y había en esa predisposición a intuir un claro signo de voluntad, (esto es, de querer intuir) y no poca necesidad de búsqueda del conocimiento y de la propia esencia. Después de poner en solfa unas cuantas cosas, de recordar el mito platónico de la caverna y de aplicar todo lo hablado a nuestra propia relación, nos despedimos entre risas, abrazos y besos.

Pero durante el camino de regreso, mientras el metro iba comiéndose lentamente las estaciones, el libro de poemas de Blake comprado por la mañana en la exposición  y apenas intuído por primera vez en su totalidad,  fue cobrando cada vez más fuerza entre las manos. Cuando llegué a casa, la sinestesia que en su día llevó a Britten a componer una hermosísima serie de piezas basado en dicho poemario me llevó a buscar el disco comprado hace poco, con inmediatez, casi con urgencia y adquirió por fin todo su significado.

Podrán objetarme Vds., mis queridos lectoyentes y no sin razón, que con qué humos retoma la bitácora  la condesa. Pues no va y, contrariando ella también su propio natural alocado, casquivano, ligero y frívolo, va y nos encasqueta un post sobre la trascendencia... Y eso sin contar con que han pasado dos meses y medio desde su última entrada en que, aprovechando lo apropiado y concordante del tema, se despidió a la francesa.

Pues sí, tienen toda la razón del mundo, pero han pasado muchas cosas, y no precisamente buenas, en estos dos meses y es lo que me pide el cuerpo. Eso sí, no les arriendo las ganancias, que la aristócrata azul cuando se pone en ese plan es todavía más plomífera aún que en circunstancias normales y propicias. No sé si me disculparán o no por ello, pero me apetece mucho hablar sobre Blake y Britten, de modo que abróchense los cinturones o desciendan en este preciso momento del aeroplano (¿se dice así, verdad?), que despegamos.

Y empezamos por don Guillermo, que ya llegará el momento de hablar del barón B.B., por aquello de que a los colegas de nobleza se les deja siempre para que "cierren plaza".

Y comenzamos con él porque tendrán que reconocerme que lo del señor Blake tiene su aquel. Y es que nuestro excelente poeta, filósofo y pintor, rarito, rarito, lo que se dice rarito, lo era un rato. Sí señor, que desde bien pequeñín apuntaba maneras. Es más, a los 8 añitos y en plena y tierna infancia se descolgó con que había tenido una visión de un árbol cuajadillo de ángeles. Y lo soltó en casa así sin más. Vamos, que si no llega a ser por la protección de su madre que andaba al quite, su padre se quita la zapatilla y le deja el infantil trasero del color de la túnica púrpura de un nazareno, por embustero.

Y no es baladí el uso de la palabra nazareno. Que la religión o, mejor dicho, religiones, lo marcarán profundamente desde muy temprana edad. Llegó a crear su propios cosmogonía y panteón en los que la figura de Jesús destaca de forma especial. Algunos podrán llegar a pensar que lo que realmente tenía en su cabeza imaginativa y sensible era un cacao de padre y muy señor mío. Pero su pensamiento, lleno de contradicciones y lagunas, tiene con todo una cualidad que lo hace importante, muy importante: no  eran meras disquisiciones, elucubraciones sino toda una filosofía vital. Su vida fue un fiel reflejo de lo que pensaba, decía, creía firmemente, recreaba, imaginaba, fantaseaba. Pocos ejemplos hay de mayor coherencia vital. Y su obra es, lógicamente, el espejo en el que sus teorías tomaban cuerpo.
Además y para cerrar este párrafo definitorio creo que si hay una palabra que lo califica y que haya sido usado por sus admiradores, detractores, biógrafos o estudiosos esta palabra es: misticismo.

Leyendo sus poemas y también el excelente estudio sobre su vida, pensamiento y obra plástica que el poeta Luis Cernuda publicó a modo de prólogo en la edición que Visor de Poesía dedicó en 1979 al artista inglés, lo primero que me vino y me viene a la cabeza es la palabra caos. Y a continuación, contradicción, inseguridad, eclecticismo y a eso pueden añadirle también todos los adjetivos "dionisíacos" que se les ocurran. Pero de todo ese mundo virtual riquísimo y caótico, surge una teoría filosófica y unos proverbios y poemas cargados de tanta oscuridad como belleza.

Bastante larga es ya esta entrada río de retorno, como para explicarles mi torpe impresión sobre lo que en estos días he leído. Pero sí que les invito encarecidamente a que, segura como estoy de que ya conocen su producción pictórica, de dibujante y grabador, se acerquen a sus poesías y máximas con curiosidad y mente abierta. Si Matrimonio del cielo y el infierno puede que les resulte abstruso en ciertos pasajes, les aseguro que gozarán con la hermosura de Cantos de Inocencia y Cantos de experiencia. Y aunque no sepan inglés traten de leerlo en versión original o bilingüe. Apóyense en la traducción al castellano si no dominan la lengua de Shakespeare (como es mi caso) para disfrutar de la música con que fueron concebidos en inglés. El esfuerzo extra les merecerá la pena. Doy fe de ello.

Y es ahora cuando ha llegado el momento de hablar de la composición que sobre los mismos escribió Benjamin Britten. No es la primera vez que una obra de este insigne británico pasa por las Variaciones. Hace relativamente poco tiempo y aún menos entradas tuvieron la oportunidad de escuchar la Guía de Orquesta para Jóvenes, sobre un tema del Abdelazar de Purcell.

Reconozco que su música me fascina desde hace mucho tiempo y conforme voy descubriendo nuevas obras dicha fascinación crece. La crítica especializada lo considera uno de los grandes compositores del siglo XX. A pesar de su heterodoxia musical en época difícil que lo alejó del "buen hacer" de la música inglesa para acercarlo "peligrosamente" (en palabras de sus compatriotas músicos) a Alban Berg, Shostakovich o Stravinsky; no obstante su incomprendido pacifismo en época de entreguerras, de la que su famoso War Requiem es un buen fruto y aunque sus apetecencias sexuales escandalizaron con frecuencia y aun hoy a la sociedad occidental, sus contemporáneos no dudaron en hacer suyo y otorgarle semejante título. Y sin duda alguna el calificativo es acertadísimo.

Añadiré que esta obra es un viaje literario, a los que tan acostumbrados nos tiene el barón, por los libros de poemas del de Londres más arriba mencionados. De ahí su título, Cantos y proverbios de William Blake. Fue compuesto para un barítono por el que yo siento una especial debilidad: Dietrich Fischer-Dieskau, en 1965. Y la dedicatoria tiene mucho que ver con que el alemán estrenara tres años antes su Requiem de guerra y con el inicio de una relación que sería fructífera durante muchos años, tanto en el terreno musical como en el personal.

W.Blake(1757-1827) Newton. Óleo sobre lienzo. 1795-1805. Tate Britain. 


Britten compuso a lo largo de su vida multitud de piezas para tenor que serían interpretadas por su amor, Peter Pears, pero también componía de vez en cuando para otras tesituras. Tras el inicio del trabajo conjunto con Fischer-Dieskau en el Requiem y antes de la composición de la obra que hoy nos ocupa, Britten compuso  en 1963 para Pears y el alemán, Cantata Misericordium.  Incluso llegaron a tener un proyecto de crear una ópera sobre el Rey Lear de Shakespeare en el que el barítono tendría el papel del propio rey. Pero mientras el proyecto se llevaba o no a cabo, surgió en 1965 esta obra que hoy les traigo. La dedicatoria rezaba y reza: "To Dieter: the past and the futur" (Para Dieter: el pasado y el futuro).

No era la primera vez que el compositor se acercaba a la obra de Blake puesto que había aparecido ya su poesía en varias de sus composiciones, como la Sinfonía de Primavera o en Canciones de Cuna.
Pero es esta la obra dedicada plenamente a la obra literaria del pintor, visionario y místico. Seguramente sea el más oscuro de los ciclos literarios de Britten, pero esa característica nos habla de cómo se adaptó el músico al tono de los cantos y proverbios. No es fácil la lectura de dichos cantos. Pasan con facilidad de la metáfora más pura a la más cínica de las de las provocaciones. Ponen en entredicho a menudo la condición humana o nuestras relaciones entre lo divino y lo terreno. Además de ello, la voz del barítono contribuye muy especialmente a aumentar esa sensación.

Fue su pareja, Peter Pears, el que realizó la selección de los textos. Y la obtuvo de los libros ya antes mencionados de Matrimonio del cielo y el infierno, Cantos de Inocencia, Cantos de Experiencia.  Cada proverbio antecede y explica el estado de ánimo del canto que se escuchará a continuación. O bien, por el contrario, es una reflexión prudente y silenciosa sobre el anterior escuchado. El dodecafonismo está más presente en la obra de lo que muchos pretenden reconocer. Se respira con frecuencia un romanticismo desolado, a la manera de Schoenberg...
Pero creo que con la entrada aquella del vienés ya tuvieron Vds. bastante como para redundar en la materia.

Si quieren saber más de la vida y obra de los dos británicos pueden acudir a la socorrida wikipedia que les ilustrará de forma breve sobre las mismas. Porque yo ahora lo que estoy deseando es darles a conocer una parte pequeña de esa sinestesia inteligente, delicada, perfectamente entendida y tejida como una segunda piel a las palabras, que Britten provocó al poner música a los cantos  y proverbios del londinense.

Con algunos de dichos proverbios y cantos les dejo pues, no sin antes hacerles una pequeña aclaración. He revuelto Roma con Santiago para intentar encontrar una versión interpretada por el propio barítono alemán pero no la he conseguido. Tendrán pues que conformarse con la que tengo, una muy digna versión cantada por Roderick Williams.

Si han conseguido llegar hasta aquí, sepan que todavía les queda casi, casi lo más difícil. Para no hacer este post definitivamente kilométrico e insoportable he obviado el texto original en inglés (al que pueden acudir con el enlace que aparece en la nota discográfica) y les presento directamente la excelente traducción al castellano que realizó Soledad Capurro en 1979.

A partir de ahora, espero poder retomar con un cierto ritmo y asiduidad las publicaciones en esta bitácora, pero sean indulgentes, que los tiempos andan difíciles para todos.

Mientras tanto llega otra nueva entrada, que prometo será mucho más ligera que ésta, háganse el inmenso favor de disfrutar el verano con las horas de solaz, descanso y diversión y háganme a mí el de volver pronto de vacaciones para que pueda marcharme yo.

Si hay que cargarse a la dichosa prima, no duden en llamarme que acudiré rauda y encantada.

Y por supuesto, intenten ser felices.



B.Britten (1913-1976). Songs and Proverbs ofWilliam Blake (Cantos y Proverbios de William Blake). 1965. Roderick Williams, barítono, Iain Burnside, piano. Naxos, The English Song Series . 22. 2012. Poemas originales.
1 Proverb I
2 London
3 Proverb II
4 The Chimney-Sweeper
5 Proverb IV
6 The Tyger














Proverbio 1




El orgullo del pavo real es la gloria de Dios.
La lujuria del macho cabrío es la gracia de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios.
La desnudez de la mujer es la obra de Dios


Londres




Me paseo por cada noble calle,
Cerca de donde el privilegiado Támesis fluye,
Y noto en todos los rostros que encuentro
Huellas de debilidad, huellas de infortunio.


En cada grito de cada Hombre,
En cada grito de terror de un Niño,
En cada voz, en cada pregón,
Oigo las esposas forjadas por la mente.


Como el grito del Deshollinador
Que horroriza cada ennegrecida Iglesia;
Y el desventurado suspiro del Soldado
Cae en sangre por lo muros del Palacio.


Pero sobre todo escucho en la medianoche a través de las calles
Cómo la blasfemia de la joven Ramera
Mancha la lágrima de un Niño recién nacido,
Y arruina con pestes el fúnebre carro Nupcial.




Proverbio II




Las Prisiones son construidas con piedras de la Ley, los Burdeles con ladrillos de la Religión.




El deshollinador




Una cosa pequeña y negra entre la nieve,
Gritando:"¡deshollina!, ¡deshollina!", ¡con notas de infortunio!
"¿Dónde están tu padre y tu madre? ¿Lo dirás?"
"Ambos han ido a la iglesia a rezar.


Como yo era feliz sobre el brezal,
Y sonreía entre la nieve del invierno,
Me vistieron con las vestiduras de la muerte,
Y me enseñaron a cantar las notas del infortunio.


Y como soy feliz y bailo y canto,
Ellos piensan que no me han hecho daño,
Y han ido a alabar a Dios y a su Sacerdote y al Rey,
Que hagan un cielo de nuestra miseria."




Proverbio IV


Piensa por la mañana. Obra al mediodía. Come por la tarde. Duerme por la noche.






El Tigre


¡Tigre! ¡Tigre!,  reluciente incendio
En las selvas de la noche,
¿Qué mano inmortal u ojo
Pudo trazar tu temible simetría?


¿En qué lejanos abismos o cielos
Ardió el fuego de tus ojos?
¿Sobre qué alas se atreve a elevarse?
¿Qué mano se atrevió a tomar el fuego?


¿Y qué hombro, y qué arte
Pudo torcer el vigor de tu corazón?
Y cuando tu corazón empezó a latir,
¿Qué espantosa mano? ¿Y qué espantosos pies?


¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno estaba tu cerebro?
¿Qué yunque? ¿Qué espantoso puño
Osa abrazar sus mortales terrores?


Cuando las estrellas tiraron sus lanzas
Y mopjaron el cielo con sus lágrimas,
¿Sonrió al ver su obra?
¿Aquel que hizo al Cordero, te hizo a ti?


¡Tigre! ¡Tigre!, reluciente incendio
En las selvas de la noche,
¿Qué mano inmortal u ojo
Pudo trazar tu temible simetría?


(Traducción Soledad Capurro para el libro antes mencionado con obras de W. Blake de Colección Visor de Poesía. Madrid, 1979. 5ª edición, 2003)


martes, 26 de junio de 2012

Manuel





Por muy de punta que me caigan los chuzos. Por muy grandes que sean los molinos a los que enfrentarme. Por muy mal que me encuentre...

Por muchos años que pasen...


Siempre, siempre, siempre, frente al desvelo de tu ausencia, habrá en mi ánimo un hueco abrigado y cálido para el sueño de tu voz, tu imagen, tu recuerdo.


Schlafe, mein Liebster!











Der Abschied
Mong-Kao-Jen, Wang-Wei y Gustav Mahler


Die Sonne scheidet hinter dem Gebirge.
In alle Täler steigt der Abend nieder
Mit seinen Schatten, die voll Kühlung sind.
O sieh! Wie eine Silberbarke schwebt
Der Mond am blauen Himmelssee herauf.
Ich spüre eines feinen Windes Weh'n
Hinter den dunklen Fichten!
Der Bach singt voller Wohllaut durch das Dunkel.
Die Blumen blassen im Dämmerschein.
Die Erde atmet voll von Ruh' und Schlaf;
Alle Sehnsucht will nun träumen.
Die mäden Menschen geh'n heimwärts,
Um im Schlaf vergess'nes Glück
Und Jugend neu zu lernen!
Die Vögel hocken still in ihren Zweigen.
Die Welt schläft ein!


Es wehet kühl im Schatten meiner Fichten.
Ich stehe hier und harre meines Freundes;
Ich harre sein zum letzten Lebewohl.
Ich sehne mich, O Freund, an deiner Seite
Die Schönheit dieses Abends zu genießen.
Wo bleibst du? Du läßt mich lang allein!
Ich wandle auf und nieder mit meiner Laute
Auf Wegen, die vom weichem Grase schwellen.
O Schönheit! O ewigen Liebens-, Lebens-trunk'ne Welt!


Er stieg vom Pferd und reichte ihm den Trunk
Des Abschieds dar.
Er fragte ihn, wohin er führe
Und auch warum es müßte sein.
Er sprach, seine Stimme war umflort: Du, mein Freund,
Mir war auf dieser Welt das Glück nicht hold!
Wohin ich geh'? Ich geh', ich wand're in die Berge.
Ich suche Ruhe für mein einsam Herz!
Ich wandle nach der Heimat, meiner Stätte.
Ich werde niemals in die Ferne schweifen.
Still ist mein Herz und harret seiner Stunde!


Die liebe Erde allüberall
Blüht auf im Lenz und grünt aufs neu!
Allüberall und ewig blauen licht die Fernen!
Ewig... Ewig...




La despedida
Traducción: Luis Gago



El sol parte tras las montañas.
En todos los valles cae la tarde
con sus sombras, llenas de frescor.
¡Oh, mira! Como un barco plateado
flota la luna en el lago azul del cielo.
¡Siento el temblor de una suave brisa
tras los sombríos abetos!


El arroyo canta lleno de hermosos sonidos a través de la oscuridad.
Las flores palidecen en el ocaso.
La Tierra respira llena de calma y sueño,
todos los anhelos ahora duermen.
¡Los hombres cansados van a casa,
para aprender de nuevo en silencio
la felicidad y la juventud olvidadas!
Los pájaros se acurrucan en silencio en sus ramas.
¡El mundo se adormece!


Un viento frío sopla entre las sombras de mis abetos.
Me quedo aquí y espero a mi amigo;
espero hasta su último adiós.
Añoro, amigo, disfrutar a tu lado
de la belleza de este atardecer.


¿Dónde estás? ¡Me has dejado solo hace mucho tiempo!
Vago de acá para allá con mi laúd
por caminos recubiertos de suave hierba.
¡Oh, belleza, oh, mundo ebrio del amor y la vida eternos!


Se bajó del caballo y le ofreció la bebida
de la despedida. Le preguntó adónde se encaminaba
y también por qué había de ser.
Habló, su voz estaba velada: ¡Tú, amigo mío,
a mí la fortuna no me fue propicia en este mundo!
¿Adónde voy? Voy, vago hacia las montañas.
¡Busco paz para mi corazón solitario!
¡Vago hacia mi patria, hacia mi morada!
Nunca más vagaré en la lejanía.
¡Tranquilo está mi corazón y aguarda su hora!


¡Por todas partes la amada Tierra
florece en primavera y reverdece!
Por todas partes, y eternamente, azulean luminosos los horizontes,
Eternamente... eternamente...


[Disculpen el poco cuidado en la edición de esta entrada. Donde estoy no dispongo ni de ganas ni de las opciones necesitarias para variar a mi gusto tamaño, color, tipo de texto o para añadir la menor floritura. Pero el motivo que me ha llevado a escribirla bien se merece el esfuerzo que he tenido que hacer para publicarla y las incomodidades que sus defectos les puedan acarrear. No habrá posibilidad de comentarios porque a la hora en que este post se publique yo estaré metida en un quirófano pero, sobre todo y fundamentalmente, porque quiero que la admiración, la añoranza y el silencio sean para él esta vez los mejores compañeros de viaje.
Un abrazo]

viernes, 11 de mayo de 2012

París: intermezzo clásico II







Charles Meryon (1821-1868) - Aguafuertes de París: Le Pont Neuf. 1853






J.Haydn (1732-1809). Las Sinfonías París. Nos. 82 a 87. Academy of St. Martin in the Fields. Director, Sir Neville Merriner. Philips, 1976, recopilado en 1993.
1) Sinfonía nº 82, en Do mayor, "Der Bär" (El oso), I Vivace assai
2) Sinfonía nº 83, en sol menor, "Die Henne" (La gallina), II Andante
3) Sinfonía nº 84, en Mi bemol mayor, III Minueto (Allegro)
4) Sinfonía nº 85, en Si bemol mayor, "Die Königin" (La reina), IV Finale (Presto)
5) Sinfonía nº 86, en Re mayor, II Capriccio (Largo)
6) Sinfonía nº 87, en La mayor, I Vivace





martes, 8 de mayo de 2012

París: perder










Faites votre jeu, monsieur dame..!



À Paris (En París). Letra y música, Francis Lemarque. 1948. Interpretada por Yves Montand. Grabación en directo en el Olympia. 1981. Letra. (Vía Unamisma)






                                        Rien ne va plus!

 
Avec le temps (Con el tiempo). Letra, música e interpretación, Léo Ferré. 1969. Grabación de 1970.  Letra (Vía NICHOLAS5444)





sábado, 5 de mayo de 2012

París: tan cerca



Ayer recibimos una muy muy muy buena noticia. Tanto que el camino a París se ha vuelto llano, amplio, fácil de recorrer.

Apenas quedan tres semanas para, ahora sí, planear, elegir, leer, reservar, disfrutar de los preparativos, hacer realidad la espera, propiciar el reencuentro.



Tiovivo de Trocadero. © Kacho, diciembre 2007. Del blog, La luna en tus ojos


Volver...


...a ver París...



Rétour à Paris  (Regreso a París). Letra, Charles Trenet. Música, Charles Trenet y Albert Lasry. Interpretada por Charles Trenet.1947. Letra. (Vía goldenmoonraker007)





...a enredarme en sus calles...



La ballade de Paris (La balada de París). Letra, Francis Lemarque. Música, Bob Castella  Interpretada por Yves Montand. 1954. Imágenes de París de 2005 Letra. (Vía chansonfr)





...a oler su música...


Ballad du Paris (Balada del París). Música y dirección, François Parisi. B.S.O. de la película Midnight in Paris (Medianoche en París), de Woody Allen. 2011. (Vía reckless2999)





... a ponerla a mis pies y bailar...



En travaux (En obras). Música y dirección, Reinhardt Wagner. B.S.O. original de la película Faubourg 36 (París, París), dirigida por Crhistoffe Barratier. 2008. (Vía mussax13).





... a abrazar su respiración ...



Loin de Paname (Lejos de Paname). Letra, Frank Thomas. Música y dirección, Reinhardt Wagner. Interpretada por Nora Arnezeder, B.S.O. original de la película Faubourg 36 (París, París), dirigida por Crhistoffe Barratier. 2008(Vía mussax13) Loin de Paname. Letra .  (Vía mussax13).      





...  y a caminar sus noches.



Les nuits de Paris (chanson francesa). Letra, música y textos, Les Luthiers. Compuesta en 1973 . El vídeo corresponde al montaje del espectáculo "Humor, dulce hogar", en 1986. (Vía Trevignov)

(Estoy segura de que sabrán excusar esta broma musical, esta tontuna argentinoparisina).

Esta vez tendrán que disculparme la brevedad (aunque, a fuer de ser sinceros, puede que me la agradezcan) pero, compréndanlo. Paris m'attend desde las guías, los libros, las imágenes y esta condesa no ve el momento de zambullirse de nuevo en ella.

Disfruten pues, si les place, de la música parisina, de hoy, del fin de semana, de la primavera, de ser... 

Lo que no es poco. 

 

miércoles, 2 de mayo de 2012

París: tango

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El amor

Todavía no soy capaz de entender cómo ocurrió. Pasó. Sencillamente. En aquel piso desierto y hermoso de la Avenue Victor Hugo. Ante la provocación procaz de aquella niña pija que me miraba con el descaro y la suficiencia del dinero y los pocos años, reaccioné sin más. Ciegamente, con fiereza. Con la fuerza que da poseer a alguien en vilo, sin artificios o apoyos. Y sin querer saber en absoluto a qué impulso obedecía, volqué en ella  todo el dolor insoportable que arrastraba desde hacía tanto tiempo. 
Supongo que me odió pero las cosas eran así y punto. 

Si tuviera que explicar de forma coherente nuestros encuentros en aquella habitación vacía y en sombras fracasaría. No hay razonamientos que valgan. Violé su intimidad y su cuerpo pero obtuve de ella, sin embargo, su ser más profundo, el más torturado y cierto. En sus grititos de imitación animal, en el descanso de sus muslos trenzados, en su descuidada alegría fui descubriendo y recuperando la vida que atropella, que marca, impulsa, exige.
Me dejé llevar de ella y por ella. Y mis prevenciones, la furia, el desencanto, la sordidez de lo vivido desaparecieron. No había motivos para seguir ocultándose ni ocultando el drama, la frustración,  la angustia, el miedo.
Y le conté. Le conté todo. Mi nombre y el de ese hotel mediocre. Mi trabajo, mis dudas, mi vejez, el suicidio de mi mujer. La culpa.

No me importa en absoluto haberme vuelto vulnerable ante ella. Sé que no me va a hacer daño. Ahora que me conoce y me sabe y me tiene, tengo la certeza total de que me ama.

Y yo daría la vida por ella.


El desamor

 Confieso que al principio me dio miedo. Con aquel aspecto grande y huraño, era la imagen opuesta e imperfecta de ese noviucho petrimetre y cineasta que me  divertía en ocasiones y me irritaba en el fondo. Y en el miedo y el desconocimiento, la atracción irracional, poderosa, urgente, sin paliativos. Y la posesión inmediata y feroz como única puerta de salida en aquel piso destartalado y en penumbra  de la Avenue Victor Hugo.
Me sentía viva, poderosa y profundamente viva. En los abrazos cálidos mientras aullábamos y maullábamos o ladrábamos sobre aquella alfombra voladora acolchada que cubría el suelo de madera opaca. Pero también, en la violencia que le provocaban el mundo y su propia existencia y que solo sabía canalizar en mí, sobre mí, por mí. En su necesidad irrefrenable de agarrarse a lo que estaba vivo, en ese complejo de culpa irremisible y devorador cuyo origen yo desconocía...
Porque fue el desconocimiento de lo que era y lo que representaba, de sus orígenes o su trabajo o sus inquietudes lo que me hizo amarlo con fiereza y ternura absolutas. No sabía ni siquiera su nombre.

Por eso la decepción me golpeó de forma tan brutal el día en que inició el recuento de  su larga retahíla  de fechas, lugares, datos. Al desnudar uno a uno sus secretos rasgó la tela sin remedio.
Cuando comenzó a hablarme de su pasado, su rutina diaria, sus pertenencias físicas o personales, su drama particular, todo se derrumbó y no pude soportarlo.
Se volvió vulgar, conocido, previsible, aburrido, adocenado, corriente. Igual a otros, a tantos otros, a todos los otros. Al contarme toda su desagradable carga vital, vulgar, conocida, previsible, aburrida, adocenada, corriente...
Al decirme su nombre, al arrebatarme de cuajo y sin mi consentimiento la oscuridad, lo desconocido que lo hacía único y amado y la belleza de lo que ocultaba, traicionó mi amor por él. Me traicionó a mí.

No tuve más remedio que dispararle.








[No he vuelto a ver la película desde hace más de 20 años. Es más, creo que solo lo he hecho dos veces y no tengo la menor intención de refrescarla. Me pareció poderosa y frágil a un tiempo, brutal, imperfectamente hermosa y no quiero que el paso del tiempo traicione el recuerdo que guardo de ella. Quiero que permanezca así, plegada en mi memoria como el affiche que conservo de ella. Porque a mí se me olvidan las películas con frecuencia pero ésta no. Ésta sigue presente y bien presente desde entonces. En contra de todo el escándalo y el morbo que generó (¡qué pavisosa e ingenua pero, si me apuran, qué preferible era la sociedad de aquella época!) a mí se me grabó como la historia profunda de dos soledades, con la preciosa fragilidad que la entrega total provoca. La bellísima, abrumadora, vigorosa, delicada,envolvente, embriagadora música de Gato Barbieri creaba el vértice necesario que cerraba el triángulo.
La pulsión de amor y muerte del film de Bertolucci nos atañe profundamente porque, en el fondo y en la forma, refleja el mismo impulso creador y destructivo que todos llevamos dentro.]


Gato Barbieri (1932) - Last Tango in Paris (Último tango en París). Para la película del mismo nombre de Bernardo Bertolucci. MGM y Alberto Grimaldi, 1972.
 1) Last Tango in Paris (B.S.O.)

2) The Last Tango in Paris Suite




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lunes, 23 de abril de 2012

París: trompe-l'oeil




La Place des Vosges. París en el mes de junio. Dos personajes acuden a un especial rendez-vous. Nunca antes han estado allí juntos. Durante unos breves instantes se reconocen. Y echan a andar. Place Bastille, Boulevard Henri IV, en diagonal hacia el Sena. Caminan lentamente, están muy nerviosos y a ambos les cuesta hablar.


Cuando dejan atrás el bullicio para adentrarse en l'Île Saint-Louis, de repente, todo se vuelve más sencillo. Sonríen. Las palabras fluyen despacio mientras pasan por el comercio minúsculo de prensa y postales antiguas, por la tienda de delicatessen que hay un poquito más arriba, justo enfrente de donde ella hace ya tiempo compró aquel bolso que aún le gusta tanto. Y al llegar a la heladería ya ni siquiera ven a los turistas. París se ha vuelto amable, les deja respirar y conocerse, se ha convertido en cómplice. Caminan ahora por el lateral de Notre-Dame sin ver los comercios de souvenirs con espantosas gárgolas de resina. Al entrar en el parvis de la catedral, el sol los va siguiendo mientras, ahora sí, ríen abiertamente.

Al tomar Boulevard Saint-Michel los coches y el ruido se han difuminado. Solo el Musée Cluny y la Sorbonne sobreviven al fundido en gris. Los dos atraviesan con calma la verja y entran en el Jardin de Luxembourg. Nuevamente, mucha gente que no ven. Seguramente hablan de tonterías, de pequeñas cosas sin aparente importancia. Les bateaux à voile del estanque les hacen guiños. Está hermoso el jardín en junio, con las sillas de hierro fundido, los parterres y el pequeño palacio. Salen por un lateral del parque y, esta vez mucho más deprisa, lo bordean por el exterior para dirigirse aux Invalides. Ella también habla muy deprisa en ese momento. Le da miedo que si deja de hacerlo algo se rompa. Él se limita a mirarla. La cúpula des Invalides, la que da sombra al jardín del Musée Rodin, centellea dorada. Ahora es él quien habla y ella quien escucha y mira. Tuercen hacia la izquierda, para encontrar la mole de l'Académie Militaire.



Raoul Dufy (1877-1953). La Tour Eiffel (1935). Acuarela sobre papel. Colección privada.


Y allí, al pie des Champs de Mars, se redescubren de repente, tan silenciosamente como empezó el viaje. La tour Eiffel contempla a dos personajes nuevos, renacidos, que van acercándose a sus poderosas patas de hierro sin decir una sola palabra. Y la alegría estalla y París murmura y mide y tararea. Un dos tres, un dos tres... En un vals de tres, cuatro, cien, trescientos treinta y tres, mil tiempos diferentes. Y asciende en torbellino por los jets d'eau del Trocadero y sigue girando vertiginosamente a lo largo de la Avenue Kléber. La Place de l'Étoile los reconoce y los protege y los abriga en medio del tiovivo y las encrucijadas.

Y los árboles des Champs-Elysées se abalanzan para contemplar el ritual acompasado e íntimo de una pareja abrazada besándose, como si fueran los protagonistas de un tango.





L.Clichy. À quoi ça sert l'amour?  (¿Para qué sirve el amor?). Corto de animación de 2003, que pone imágenes a la canción del mismo nombre, creada por Laroche y Emer e interpretada por Edith Piaf y Théo Sarapo.
He incluído este delicioso corto, no porque la música sea de tema parisino sino porque en él París es, en realidad, su principal protagonista. Además, ilustraba bastante bien el alfa de este post.






J. Brel (1929-1978) Orly. En el álbum Brel. Phillips, 1977. Barclay, 2003. Letra